Afroargentinos

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            AR ABIBUNTREF C.BP-ORT-2-1-000644 · Unidad documental simple
            Parte de Fondo Néstor Ortíz Oderigo

            El texto mecanografiado que presenta el PDF, es un guion para un programa radial de la emisión del día 18 de enero de 1964. La primer hoja está cortada y pegada con cinta adhesiva (que se retira tras el escaneado por conservación del papel), a modo de edición del texto. Tiene nota manuscrita en tinta rosa y otra en verde.
            Hasta la marca del primer disco, se lee:
            "Guion para el programa radial "Meridiano del jazz", transmitido el domingo 7 de marzo de 1965 a las 13: horas. La primer foja muestra la lista de los discos emitidos al aire ese día.
            Se comparte el texto de la disertación preparada por Néstor Ortíz Oderigo, que se encuentra a partir de la segunda hoja, en el PDF de este registro:
            En Cuba, por ejemplo, la música negra puede ser de origen congoleño, de fuente yoruba o de matriz ewe. El Brasil tiene música negra ijesha, ewe-yoruba, congoleña y angoleña. Y hasta en nuestro país la música negra no provenía de una sola zona africana. En nuestras investigaciones hemos llegado a la conclusión de que hubo ritmos de candombe de origen magi y de origen mayombe. Porque, así como en el continente africano no se habla un solo idioma, ni idéntico dialecto, tampoco se canta o ejecutan instrumentos musicales en una misma forma.
            En algunas regiones de América, donde los negros lograron su libertad después de arduas, prolongadas y sangrientas luchas, como en Haiti y la Guayana holandesa, o donde la "linea de color", el prejuicio étnico, no ha existido, o se ha hecho sentir con muy poca intensidad, se han copao bado africanismos o sobrevivencias africanas más puros que en el propio continente de ébano.
            Por nuestra parte, en Bahía (Brasil) nos ha sido posible registrar patrones culturales genuinamente africanos en los candomblés, donde la música, los instrumentos, la indumentaria, los rituales, las comidas y hasta el idioma son una mezcla de culturas africanas de tan alta jerarquía como la gegé y la nagó, es decir, le dahomeyana y la yoruba.
            Desde luego que no toda la música negra se mantuvo "pura" en nuestro continente. Las corrientes musicales euroamericanas, como es lógico, gravitaron en medida considerable, de acuerdo con el grado de contactos establecidos entre blancos y negros. En estas confluencias musicales, coreográficas y organográficas, así como en las confluencias culturales en general, el negro aceptó e hizo suyos los elementos que más se aproximaban a las características de su música, de su coreografía y de su organografía, y rechazó los rasgos que no se adaptaban a sus necesidades expresivas. En esta forma, su lenguaje musical pudo conservar la vigencia y la intensidad que hasta hoy mantiene en los focos más importantes del arte sonoro de regente de color de nuestro continente."

            Ortíz Oderigo, Néstor
            AR ABIBUNTREF C.BP-ORT-2-1-000633 · Unidad documental simple
            Parte de Fondo Néstor Ortíz Oderigo

            El texto mecanografiado que presenta el PDF, es un guion para un programa radial de la emisión del día: 6 de junio de 1965. Tiene notas en letra manuscrita roja (en el título): "Danza". Y otras en azul en los párrafos que siguen.
            Se transcribe la primera foja. La segunda no se encuentra con el grupo documental, por lo que sigue en la número 3 con: "Recursos de la Danza")
            "De las islas Bahamas nos llegan estos ritmos de danza de los negros. Porque a la danza afroamericana está consagrada nuestra emisión de hoy.
            Las distintas potencias que ejercían el "comercio de ébano" y efectuaban incursiones en el continente de Cam, en busca de la preciada "mercadería”, los portugueses, no prodigaban a los esclavos idéntico tratamiento. Los franceses y los españoles, y en particular estos últimos, eran tan rígidos como sus colegas holandeses, británicos, daneses o norteamericanos, pero les dejaban la libertad de llevar a cabo sus "bailes de tambor", como dicen bien claramente les "reales cédulas" que poseemos en nuestra colección de africanística. Por consiguiente, en los países americanos que estuvieron bajo el dominio de esas tres naciones, la música, los cantos y las ejecuciones instrumentales de los negros, conservaron un grado de puridad africana muchas veces superior al observado en algunas zonas del propio continente de origen de dichas expresiones.
            Desde luego que, en este sentido, influyó también, y en medida realmente notable, el hecho de que, juntamente con la libertad para danzar, entonar cantos y tañer instrumentos musicales, al negro le fue posible conservar sus patrones religiosos, merced al mecanismo de sinéresis de los..."

            Ortíz Oderigo, Néstor
            AR ABIBUNTREF C.BP-ORT-2-1-000652 · Unidad documental simple
            Parte de Fondo Néstor Ortíz Oderigo

            El texto mecanografiado que presenta el PDF, es un guion para el primer programa radial con este título. Emisión del día 4 de enero de 1964. Tiene nota manuscrita en tinta rosa y otra en verde.
            Se transcriben las primeras 9 fojas con la disertación de
            Néstor Ortíz Oderigo:
            "Estos plurales y enigmáticos sones de tambores africanos que son a la vez la columna vertebral, el corazón, el cerebro, el espíritu y la voz del viejo y sufrido continente que hoy levanta cabeza, después de siglos de sojuzgamiento, y se halla en plena efervescencia política, social, cultural y económica cobijarán al nuevo ciclo que hoy iniciamos y que se trasmitirá todos los sábados a esta misma hora, con una duración de noventa minutos.
            Titulado Visión de la música negra, su desarrollo nos desplazará a través de los más complejos vericuetos del arte sonoro generado por los negros en todos los tiempos, en todas las latitudes y dentro de los más diversos estilos y proyecciones musicales.
            La música negra de ayer y la música negra de hoy; la música negra del África y la música negra de los diversos países de América, sin excluir el Río de la Plata; la música negra litúrgica y la música negra secular; la música negra que hace marco a todos los hechos cotidiano s de la vida, trascendentales e intrascendentes, y la música negra encargada de cerrar los ojos de los muertos: todo ello nos brindará tema para nuestras emisiones.
            Desde luego que tampoco estarán ausentes las audiciones consagradas a los voceros de esta música: los curiosos y ricos instrumentos de la música africana y del arte sonoro afroamericano, territorio en el que África solo va a la zaga del Asia, que es el continente que mayor número de miembros ha aportado a la organografía. Tampoco quedarán fuera del marco de nuestro ciclo los grandes músicos de las más diversas corrientes estéticas, aunque daremos preferencia, por cierto, a los cultores del folklore o de las tendencias folklóricas, entre los que cuentan por decenas los artistas que se han hecho acreedores de la más seria atención, pero que, por motivos inexplicables, permanecen sumidos en la nebulosa del anonimato, a pesar de que es evidente que, durante estos últimos tiempos, algunos de ellos han salido a la superficie, como el nigeriano Olatunjie, quien, luego de dos décadas de permanencia en los Estados Unidos, fue "descubierto" por las compañías fonográficas y grabada parte de su opulenta y curiosa producción.
            Pero no extendamos demasiado nuestro exordio. En radiofonía, los minutos son preciados. Entremos, pues, en el mundo maravillo so de la música negra, por la puerta de nuestro tema de hoy, que girará en torno del "descubrimiento" del arte sonoro de la gente de color, de sus proyecciones y avatares.
            Es creencia muy generalizada, aun entre quienes debieran estar mejor informados, que la historia de la difusión de la música negra no va más allá de mediados del siglo anterior, cuando empiezan a desplazar se por el mundo los negro spirituals, que, durante dilatados años, quizá desde el preciso instante en que el hombre de color piso tierra norteamericana, se entonaban en las plantaciones, en las cabañas, en las pequeñas iglesias del sur de los Estados Unidos, antes de que el público o los estudiosos repararan en estas ricas manifestaciones del folklore.
            Solo después de la guerra de Secesión fueron estas canciones "descubiertas". Lucy McKim Garrison fue el primer estudio so que reparó en esta especie musical. En 1862, en un artículo que ya es clásico, insertó dos de estas canciones. Una de ellas era Roll, Jordan, Roll (Ondea, Jordán, ondea).
            Grabado por el conjunto de The Southernaires, escucharemos esta bella página de la música litúrgica afronorteamericana.
            CONTROL: DISCO F9 1.
            El primer intento amplio y serio de recopilar y analizar en profundidad los negro spirituals tuvo que aguardar cinco años más, hasta 1867. Fue entonces cuando vio la luz el libro que inicia la hoy generosa bibliografía de esta importante rama de la música negra. Hablamos de la obra titulada Cantos de esclavos de los Estados Unidos. En ella figuran piezas tales como Daniel, You Rock When I Rock y Go Down, Moses, que oiremos en versión fonográfica del coro de John Payne.
            CONTROL: DISCO NO 1 Bis.
            Los aportes bibliográficos citados no significan el "descubrimiento" de la música negra, como por ahí se ha escrito, sino de una faceta de ella: la música litúrgica de la Unión. Porque las dilatadas y potentes raíces de la historia del arte sonoro de origen africano, en un sentido universal, se desplazan muy lejos en el tiempo y en el espacio.
            Corría el siglo XIV cuando el viajero árabe Ibn Batouta, doctor en Derecho y Teología en la Universidad de Túnez, visitó Abisinia y el Sudán. Y en un libro de viajes por Asia y el África, publicado en el año 1354 y varias veces reeditado por su importancia, describe con bastante amplitud diversos instrumentos de la organografía de los negros de esta última zona africana.
            A esta descripción de la organografía africana siguen muchas otras y el tema se amplía a la danza y a la música, inclusive un relato efectuado por Vasco de Gama.
            Pero quizá mucho más importante, por los instrumentos musicales que allí se describen y que han llegado hasta nuestros días, es la obra rotulada Historia de Etiopía oriental, publicada en 1609 con el auspicio del convento de Dominicanos de la ciudad portuguesa de Evora. Firmada por el padre Joao dos Santos, allí encontramos una amplia y minuciosa reseña de diversos miembros órgano gráficos empleados por los cafres, entre ellos el llamado balafón, cuya correcta denominación es la de marimba y que aparece en distintas zonas del África con los nombres más diversos.
            De acuerdo con la clasificación de los musicólogos Erich M. von Horbostel y Curt Sachs, adoptada por la musicología científica, la marimba pertenece al género de los instrumentos idiófonos de percusión, Este miembro órgano gráfico, del que deriva el xilófono, se construía con una serie de varillas de madera, debajo de cada una de las cuales se colocaban sendas calabazas a manera de cajas de resonancia, aunque en su forma más "primitiva" carecía de resonadores. En la actualidad se fabrica con varillas de palo de rosa y resonadores tubulares de metal. Su ejecución se realiza merced a dos o cuatro palillos, macillos o baquetas, y es frecuente que esté a cargo de más de un instrumentista.
            Las zonas del Congo y de Uganda son, tradicionalmente, las zonas africanas en que florecieron los más fabulosos ejecutantes de marimba, desde la época de los primeros navegantes hasta nuestros días. A continuación escucharemos una grabación captada en Kigumba Gombola, una aldea de Uganda, en la que tres ejecutantes percuten una marimba. El efecto es de una riqueza rítmica, melódica y tímbrica extraordinaria.
            CONTROL: DISCO N° 2.
            La marimba ha ejercido una singular influencia en toda la música negra del Nuevo Mundo, desde el Canadá hasta el Río de la Plata. En este sentido, interesante resulta señalar que en Guatemala es el instrumento nacional, y hasta se lo ha considerado, desde luego que erróneamente, un miembro organográfico originario de esas latitudes. La Argentina, que recibió influjos negros provenientes de la zona de los bantúes, observó la presencia de este instrumento. Y tanto Sarmiento como Ramos Mejía y otros autores que se han referido a las fiestas de los negros en nuestro medio, no han dejado de hablar de la marimba. Por otra parte, desaparecido este instrumento en algunos países de América, como los Estados Unidos, donde su ausencia se registra desde fines del siglo pasado, queda la gravitación de sus ritmos y de sus timbres, así como de la forma de canon que se observa en la música africana creada para este instrumento. Y quien escuche el arte sonoro creado en el África por los ejecutantes de marimba y la auténtica música del boogie woogie, generada por sus mejores cultores afronorteamericanos, no deberá esforzarse mucho para advertir las enormes similitudes que se observan entre ambos géneros.
            Compro baremos lo dicho mediante un disco registrado por dos gran- des maestros del boogie woogie: Pete Johnson y Albert Ammons, que se unieron en el dúo titulado Movin' the Boogie (Movimiento de boogie).
            CONTROL: DISCO No 3.
            A través de los documentos mencionados comprobamos, una vez más, que la música negra no es un fenómeno exclusivo de nuestro tiempo, como se supone comúnmente al vincularla con el "modernismo", con la histeria de la primera posguerra y con la era mecánica y precipitada en que vivimos. Porque los primeros destellos de su historia escrita nos hacen dar un salto en el tiempo de por lo menos seis siglos. Es decir, nos colocan en una época anterior al establecimiento "oficial" del "comercio de ébano" en más de un país de América.
            CONTROL: DISCO NO 3 Bis.
            Lo más interesante en el campo de que hablamos es comprobar que, desde el año 1530, numerosos viajeros que surcaron el territorio del Brasil no dejaron de reparar en las expresiones musicales de los negros. Por otra parte, abundan las crónicas de jadas como fuentes documentales de singular relieve para la investigación en el terreno etnomusicológico. Y todos los autores no dejan de referirse a la música, a las danzas y a los instrumentos musicales, triángulo que siempre enmarca todas las actividades de la gente de color.
            CONTROL: DISCO NO 4.
            Necesario es mencionar, entre los documentos a que nos referimos, una obra muy conocida en el ámbito etnográfico y etnomusicológico, pues describe la música tak tupf y se refiere a un instrumento que acompaña siempre a los negros: la maraca. Es Historia de un viaje a la tierra del Brasil, que data de 1575 y suscribe Jean de Léry.
            Singular importancia hay que asignar también a otra fuente bibliográfica que nos informa acerca del "descubrimiento" de la música negra. Hablamos del libro de Jean Baptiste Debret, titulado Viaje pintoresco e histórico al Brasil, publicado en el año 1835.
            En las páginas de esta obra hallamos descripciones de instrumentos, referencias al "trovador negro" que canta secundado por el berimbau y a las danzas negras. Y en sus páginas hemos descubierto un dato del más alto interés y que, hasta ahora, nadie ha mencionado. En efecto, con respecto al ritmo de la música, anota que los negros lo marcaban con "dos tiempos precipitados y uno lento ". Es decir, es el conocido ritmo del baión, que recorrió el mundo al amparo del gran músico afro brasileño Luiz Gonzaga.
            A este artista escucharemos, a través del disco, en la versión de Saudade da boa terra, baión interpretado al frente de su conjunto.
            CONTROL: DISCO NO 4 Bis.
            En el año 1808, un viajero inglés, John P. Roberto son, visitó el Campo de Santa Ana, en las afueras de Río de Janeiro, y observó los bailes de los negros, secundados por sus sempiternos atabaques o tambores. La escena que describe podría muy bien haber sido captada en el Congo o en Angola, pues todas las características de la danza que pinta, se dan cita en los bailes de esas zonas del continente de ébano. Es que el viajero se refiere al batuque. Vale decir, se trata de una danza originaria de Angola y del Congo.
            El batuque ha llegado hasta nuestros días con los mismos detalles coreográficos descriptos por Robertson, a pesar de que no han faltado autores que lo han tildado de baile "moderno ". Data del siglo XVII y se bailaba en la famosa República de los Palmares, que los negros fun- daron en el Brasil en 1630 y se mantuvo hasta 1695. Es una típica danza de rueda y de competencia, perteneciente al ciclo tribal del baile africano. Para su realización se forma un ofreulo, dentro del cual danzan sucesivamente uno o varios solistas.
            CONTROL: DISCO NO 5.
            Situémonos ahora en los Estados Unidos, para referirnos a un ilustre cronista de la música negra: nada menos que Thomas Jefferson. Al tercer presidente de los Estados Unidos corresponde, entre otros honores, desde luego, el de que su libro titulado Notes on Virginia (Notas sobre Virginia), que vio la luz pública en el año 1784, sea, quizá, el primero, entre los publicados en América, que se refiere a la música de la gente de color, a cuya bibliografía hállase definitivamente incorporado. Porque esta obra consagra dilatados párrafos al quehacer artístico de los negros.
            Desde luego que no es casual el hecho de que el ilustre estadista norteamericano haya colocado el acento en la actividad musical del pueblo de Cam. Hay dos poderosos motivos para que así haya ocurrido.
            El primero de ellos es que Jefferson nació en el romántico estado de Virginia, una de las zonas en que la esclavitud alcanzó un grado de desarrollo inusitado. Y, precisamente por ello, donde el canto de los negros dio una de las notas más profundas y sobrecogedoras. Además, según sus biógrafos, no era un lego en el arte de la bella combinación de los sonidos. Ejecutaba el violín "de manera más que adecuada" y actuaba a menudo en dúo con otra figura esclarecida de la historia norteamericana: Patrick Henry, gobernador del estado natal de Jefferson y uno de los patriotas de la Revolución estadounidense. Por otra parte, estuvo en contacto directo y prolongado con el famoso Francis Hopkinson, considerado como el primer compositor norteamericano de importancia y uno de los firmantes de la Declaración de la Independencia.
            Con respecto a los miembros organográficos que los esclavos introdujeron en territorio norteamericano, anota el estadista ilustre: "El instrumento que les es propio es el banjar, que trajeron del África. Antecesor de la guitarra, sus cuerdas son, precisamente, las cuatro cuerdas graves de ese instrumento".
            Desde luego que Jefferson incurre aquí en un error de carácter organográfico, pues el banjar o banjo no es un antecesor de la guitarra, instrumento que, como se sabe, es de ascendencia árabe, en tanto que el cordófono a que se refiere procede del Senegal, donde ha sido varias veces registrado por viajeros y exploradores.
            CONTROL: DISCO No 6.
            Durante los siglos XVII y XVIII, la documentación relativa a la música negra norteamericana no es muy generosa. Sin embargo, existen sobradas pruebas de que el hombre de color continuó en los Estados Unidos su tradición musical, coreográfica y organográfica, a despecho de las adversas condiciones en que se desarrollaba su precaria existencia. Y al penetrar en el siglo XIX, la bibliografía del género comienza a crecer a saltos.
            En efecto, en el año 1817, el viajero alemán Félix Flugel visitó la ciudad de Nueva Orleans, y en su libro titulado Páginas de un diario de viaje al Mississippi hasta Nueva Orleans dejo estampada una de las descripciones más interesantes que se han registrado acerca de las fiestas de los negros que tenían lugar en la ex capital de Luisiana.
            El valor fundamental del relato de este viajero estriba en que señala la presencia de la auténtica religión africana del Congo en los Estados Unidos, con sus danzas, sus cantos y sus instrumentos musicales característicos; religión que constituye una rama diversa y paralela a la que representan los shouts y los negro spirituals. La rama litúrgica del Congo a que se refiere Flugel es la misma que hasta nuestros días pervive en Haití, uno de cuyos cantos oiremos a continuación."

            Ortíz Oderigo, Néstor
            AR ABIBUNTREF C.BP-ORT-1-2-000335-A · Unidad documental compuesta
            Parte de Fondo Néstor Ortíz Oderigo

            El PDF corresponde a un título: “Temas varios Argentina” que parece haber sido escrito en una pequeña hoja borrador, que se encuentra doblada al medio (del lado del reverso contiene tachado lo escrito previamente, lo que indica que el papel se recicló). Se aloja en un folio, junto a un recorte o separata del Diario La Prensa y otro de La Nación de Argentina. El primero: “Algo más sobre el negro Raúl”, es el 28 de julio de 1979 y el segundo, es una noticia de abril de 1967. Se titula: "En una guardería no se admitió a un niño de color" y se está pegado a otra hoja recortada. Hay una cuarta, tamaño oficio, sin texto.

            Ortíz Oderigo, Néstor
            Tambores africanos en la Argentina
            AR ABIBUNTREF C.BP-ORT-1-1-000065 · Unidad documental simple · 1912 - 1996
            Parte de Fondo Néstor Ortíz Oderigo

            El PDF se refiere a la variedad de herramientas sonoras brindadas por la cultura africana. Se divide en 5 secciones: Grupos organográficos-El primer instrumento musical-Importancia del tambor-Antigüedad del tambor-Tipos y morfologías de los tambores.
            El texto explica que la mayor parte de los utensilios musicales son desconocidos, como el sanza, marímbula o “piano de pulgares”. Se habla de los estudiosos de la etnomusicología: Erich von Hornbostel y Curt Sachs, quienes usaron el sistema de numeración decimal de Melvil Dewey para la clasificación organográfica:
            a) Los de vibraciones sonoras: marimba, sonajas, campanas, etc.
            b) Agentes con membranas o parches vibrátiles: tambores.
            c) Los que poseen tubos por los que se introduce una columna de aire con un mecanismo que la hace vibrar: flautas, clarinetes, trompetas.
            d) Con cuerdas vibrátiles pulsadas, rozadas o frotadas: kore, serón, etc.
            Además de los instrumentos de los grupos mencionados, existen otros que utilizan sonoridades logradas por sus propios cuerpos o la voz humana (gruñidos, percusiones de garganta, skats, soplidos, palmoteos, zapateos, etc.
            “La afirmación de que el tambor es el primer instrumento creado por el hombre es falsa”. Se mencionan rituales litúrgicos, religión, comunicación entre humanos y dioses. También hay mención al libro: “O animismo fetichista dos negros bahianos”, de Nina Rodríguez (Río de janeiro, 1953) y a distintas ceremonias afroamericanas: macumbas, xangós, candomblés y batuques.

            Ortíz Oderigo, Néstor
            AR ABIBUNTREF C.BP-ORT-1-2-000342 · Unidad documental compuesta
            Parte de Fondo Néstor Ortíz Oderigo

            El PDF corresponde a un recorte impreso que no indica a qué publicación perteneció (en el reverso se lee que se trataba de Montevideo, Uruguay), pero sí su autor: Luis Alberto Sánchez. Está pegado sobre una hoja de Repuestos "Liceo" no 5 canson granulado y su texto es el siguiente:

            "SOBRE EL DESDEN EL NEGRO POR EL NEGRO
            Yo siempre he insistido en la influencia del negro, sin juzgarla maléfica. Execto el simplismo v la Jactancia de quienes pretenden que la sensibilidad y la ética dependen del pigmento. El prejuicio de razas -robándole el término a Finot- carece de realidad, y mucho más en Indoamérica, crisol en donde los más severos Aristarcos pasatistas -tal Monsieur Francisco García Calderón- comprueban el amalgamiento inmediato de las más radicales discrepancias bajo el denominador común de nuestra realidad.
            EL NEGRO Y SU SENSIBILIDAD
            A base de una documentación que se exhibe en algunos libros míos -por ejemplo los dos volúmenes de mi "Literatura Peruana" y mi "Vida y Pasión de la cultura en América"- he llegado a la conclusión de que el negro avivo la sensibilidad americana, nos comunicó su facilidad para la superchería, su lujuria alegre y pugnaz, su coreografía ofidiana, su sentido de lo pintoresco y su alegría. Tristeza de negro siempre encierra un no sé qué de Irónico y vivaz que se sobrepone al aullido del esclavo, lo mismo en los "Molé-Mole" de los cafetales colombianos, que en las cumbias panameños, los sones cubanos, las leyendas peruanas, los candombes argentinos y uruguayos, y aún también en los aires del negro norteamericano.
            Los países que carecieron de esa Influencia son menos alegres y me nos plásticos. Un cotejo de los romances populares de Chile -me refiero a la colección de don Julio Vicuña Cifuentes- y los de Cuba o Perú, arrojaría saludables conclusiones. En ello me hallo hace algo más de seis años, pero no es el momento de adelantar conclusiones que aún falta comprobar.
            VULGARIDADES SO- BRE EL CANTO NEGRO:
            Ya no hay novedad alguna en el tema del canto negro actual. Todos están de acuerdo en que el negro aportó un modo de sentir la realidad hasta él desconocido, Pero, no basta esa comprobación de la actualidad. Al negro se le ha considerado, con un sentido turista, como nada más que una muestra. No se ha rastreado sus honduras. Tal es como admiradores del jazz, esencialmente caótico y estridente como el negro desdeñan a que despierta sus sensibilidades. Y los literarios admiradores de Vachel Lindsay, Langston Hughes y Claude Mackal no titubean en vituperar al negro cuando sale de la órbita literaria. Pertenecen a jaez de gentes para quienes es laudable pensar en confederaciones estéticas, pero no económicas, como si la estética no fuese, en última instancia, la resultante última, la coronación del largo proceso que so gesta en las oscuras profundidades de los conflictos económicos y sociales.
            Los "turistas" de la literatura y de la política, dicho sea de paso, adolecen de una tremebunda orfandad lógica. Aplauden por un lado y censuran por el otro, sin dar muestras de sindéresis ni de mediana reflexión. No de otro modo se explican ciertos desdones que suenan a ridículo. Jovencitos he visto que se deleitan en los salones de concierto con la música negra y aún repiten poemas negros, y que, sin embargo, fruncían los lindos hociquitos sombreados por bozos fotogénicos ante los llamados "negros" futbolistas del "Alianza" de Lima. Es posible que no pusieran el mismo desdén racial ante las curvas bronceadas de Josephine Baker,
            Los sostenedores de tesis racistas y "cultural-occidentales" tienen una ortodoxia nominal y sonreidora. Tan superficiales como los que pretenden diferenciar los movimientos sociales por la forma o el lado de la mano que se levanta en el saludo.
            CONFLICTO DE LOS DOS ABUELOS
            El negro aporta, pues, un sentimiento nuevo. Una emoción Impar. Los llamados blancos la paladean. y luego, hacen como que la menosprecian. Un canto viene de una realidad. "A tiempos nuevos, cantos nuevos", formula Polonski en un capítulo de su historia de la literatura de la Rusia revolucionaria, "A nuevas realidades, nuevas canciones, y a nuevas razas, nuevas expresiones", cabe agregar como corolario. Y el negro ha formulado su estética propia, porque tiene realidad propia, Oigamos, ahora a Nicolás Guillen.
            Es un poeta cubano, autor do "Poemas de Son" y de "Sóngero Conongo", libros inconfundibles, difícilmente superables. Su acento, su métrica, su tema, su vibración, su olor mismo; y luego el aire de "ñanigo joven de Guillén: los grandes ojos iluminados, la sonrisa sibilina y despectiva, parquedad de palabra, aseñoritamiento en la apostura, y los dientes blancos, blancos, y la tez oscura, oscura, sin ser negra:
            Sombras que sólo yo veo,
            me escoltan mis dos abuelos
            Pie desnudo, torso pétreo,
            los de mi negro;
            pupilas de verde antártico,
            las de mi blanco.
            Los dos abuelos. Don Federico -el que se cansa- y Taita Facundo el que se muere-, se juntan en la sangre de Guillén.
            "WEST INDIES LTD" O LAS ANTILLAS
            Guillén publicó posteriormente un nuevo libro de poemas: "West Indies Ltd. En él hay menos alegría que en los anteriores, porque ahora el negro sabe que era objeto de turistas, y tanto, como que Rafael Alberti, con su incuestionable facilidad no ha podido resistir al Impulso de escribir -él también, comunista y español- un poema en tono antillana, un "Casi son" que viene en el número 740 de "Repertorio Americano". Lindo el poema, pero releo "Sensemayá” y avoco a "Papá Montero", croo una vez más que el canto negro es de los negros. No blanco Rafael
            Alberti: lo auténtico es auténtico, y nadie lo roba. Se imita, más se denuncia la imitación, A Nicolás Guillén se le denuncia mestizo de negro, con su pigmento lo accesorio y su dolor -lo ancestral- apenas se leen cuatro líneas de cualquier libro suyo. Hasta cuando se inicia en la sátira política se desliza el aire ligero y sensual del cafre:
            Coroneles de terracota,
            Políticos de quita y pón
            café con pan y mantequilla...
            ¡Qué siga el són!
            La burocracia está de acuerdo
            en ofrendarse la Nación,
            ochenta dólares mensuales...
            ¡Qué siga el són!
            Y más allá en donde caricaturiza:
            Este es el pueblo del all right,
            donde todo se encuentra muy mal, esto es el pueblo del very well
            donde nadie está bien...
            ...Me matan si no trabajo,
            Y si trabajo me matan…
            Siempre me matan, me matan...
            ¿Me matan!
            CUBA Y LA POESIA NEGRO
            En Cuba, al par de Guillén, escriben Ballagas, Florit y otros poetas de color. Pero, en el Club Atenas, del Malecón de la Habana, sólo penetran los negros ricos, porque la raza verdadera del mundo moderno es la raza del dinero, y la otra, la raza del dolor. Negros ricos, blancos ricos, se dan la mano, y se juntan en las salas suntuosas del Capitolio, en donde cada dos bancas hay un micro, para que la Nación conozca lo que piensan los padres de la patria,
            Nicolás Guillén, sin la crispación contagiosa del formidable Navarro Luna, otro cubano que escribe poemas con sangre, entona al desgaire los "sones" de la rebelión. Hierve este libro alegre de poemas. Como la rumba, cuya vocingleria oculta el drama del sexo sediento. Como estos poemas que, bajo su sonoridad, denuncian la angustia y la protesta, la insurgencia y la revolución."

            Ortíz Oderigo, Néstor
            Sinónimos de "negro"
            AR ABIBUNTREF C.BP-ORT-4-2-000328 · Unidad documental simple · 1912 - 1996
            Parte de Fondo Néstor Ortíz Oderigo

            El PDF corresponde al texto escrito por Néstor Ortíz Oderigo. Se trata de una fotocopia de una lista de términos, preparada por el autor. Se encuentra en la carpeta que corresponde a los originales el libro: "Esquema de la música afroargentina", publicado por EDUNTREF, con Norberto Pablo Cirio como editor.

            Ortíz Oderigo, Néstor
            Siluetas de la cultura afroargentina
            AR ABIBUNTREF C.BP-ORT-1-1-000192-A · Unidad documental compuesta · 1912 - 1996
            Parte de Fondo Néstor Ortíz Oderigo

            El PDF muestra las imágenes de una agrupación documental que contiene una lista de nombres en un recorte de papel, el que al dorso presenta una nota a modo de recordatorio ("VER: LA FECHA DE SU MUERTE. Me parece que fue el 12 de enero de 1920. Aquí dice junio. Y lo mismo dicen en el libro… Hay un error. Seguramente en el libro de Gorgo Vicente Gesualdo debe estar el dato. VER"). Hay además otras fojas tipeadas, con detalles de algunos de los músicos listados. También las hojas de un libro (no semenciona título o autor), con imágenes y texto sobre Rosendo Mendizábal (y las fotocopias de las mismas, las que fueran preparadas posteriormente para la publicación del libro, editado por EDUNTREF).
            En otras fojas se lee: "TEXTO ESCRITO EN HOJA SUELTA
            LAURA MONSERRAT
            La 'casa' estaba situada en casi la esquina de Paraguay y Pueyrredón.
            Allí surgieron por vez primera las notas de El entrerriano."
            "ROSENDO MENDIZÁBAL – DATOS VARIOS: IMPORTANTES…

            1. Desde luego, no sabemos más que por referencias cómo tañía el piano, pues, lamentablemente, no llegó a grabar. Pero tenemos las páginas impresas o melogramas (?), que guardan una prodigiosa unidad de estilo y técnica. De manera que se puede llegar a la conclusión de que no son exageracio-nes las que se han dicho acerca de su capacidad interpretativa, de su digitación y del pulso incon-movible que era capaz de imprimir a sus versiones.
            2. Maestro de Enrique Saborido y Manuel Campoamor.
            3. Murió el 30 de junio de 1913.
            4. Nació el 21 de abril de 1868.
            5. Actuó en la “casa” de la vieja Eustaquia, la parda Adelina."
            Ortíz Oderigo, Néstor
            AR ABIBUNTREF C.BP-ORT-1-1-000136 · Unidad documental simple · 1912 - 1996
            Parte de Fondo Néstor Ortíz Oderigo

            El PDF analiza la huella cultural y espiritual que los esclavos africanos dejaran tanto en Argentina, Chile, México y Bolivia (países considerados erróneamente como “libres de africanismo”).
            El texto se divide en:

            1-Tradición cultural
            2-Primeros destellos
            3-Actuaciones diversas
            4-Lengiaje universal
            5-Conclusión

            Se hace referencia a la impronta dejada en el lenguaje musical (tanto folkórico como culto del continente), documentada por etnólogos, antropólogos, cronistas y memorialistas. Existe documentación en la Biblioteca Nacional y el Archivo general de La Nación, acerca de los permisos solicitados por los negros, para “batir tambor” los domingos y días festivos. Los hijos de África, se desempeñaron como músicos, pianistas, guitarristas o flautistas en “peringundines”, “casas de equívoca reputación” o academias de baile. Se menciona que los tambores, tamboriles, masacayas, hueseras, mates y quijadas “dejaban oír su latido nervioso y enérgico” como telón de fondo dela coreografía de chikas y calendas.

            Ortíz Oderigo, Néstor
            AR ABIBUNTREF C.BP-ORT-1-1-000172 · Unidad documental simple · 1912 - 1996
            Parte de Fondo Néstor Ortíz Oderigo

            El PDF corresponde al texto original que aparece en el capítulo 8 del libro "Esquema de la música afroargentina". La agrupación documental, Se divide en:

            1. Música popular
            2. “Música seria”
            3. Actuación en iglesias y conventos
            4. Bandas en colegios religiosos
            5. Un violinista negro en el Cabildo
            6. Orquesta de la Catedral
            7. Pianistas y organistas
              Además de hacer en el final, menciones específicas de los músicos rioplatenses:
              Antonio Sayago
              Remigio Navarro
              Federico Espinosa
              Manuel G. Posadas
              Zenón Rolón
              Manuel Posadas
              Alfredo Quiroga
              El que sigue es un extracto del escrito:
              “Dentro de la concepción que, de manera caprichosa, se ha trazado de los negros, se encuentra el hecho de permitirle sólo acceso a los estratos populares del arte sonoro. Las elevadas escalinatas de la “gran” música son tabúes para los hombres de piel bruna. Quedan reservadas con exclusividad para los artistas “caucásicos”. Es una manera de que el ser de ascendencia africana permanezca en su sitio, de que no intente trasponer el cerco pertinaz e infranqueable de la “línea de color” para “elevarse” en la resbaladiza “escala social” y “equipararse con los blancos”.
              Así es como su música- por más facetas significativas que aposente , y ya sabemos en qué medida suele acogerlas-, será siempre de “segunda clase”, como se ha pretendido, en todas las épocas y en todos los meridianos, que son sus creadores…Por consiguiente, muchos de ellos se han visto constreñidos a militar en dicho frente, cuando, en realidad, por sus deseos, por sus inclinaciones, por sus aspiraciones y posibilidades técnicas y estéticas, podrían haberse consagrado a otros menesteres artísticos (…). Por eso el hijo de África ha desempeñado papeles de bufón en el teatro del Siglo de Oro español, en los minstrel shows afro norteamericanos, en el cinematógrafo de Hollywood y en las tablas de Brodway. Por eso Paul Robeson e Ira Aldridge se vieron obligados a marchar a Europa con el fin de interpretar a Shakespeare, antes de que les fuera posible hacerlo en su patria, los Estados Unidos. Por eso también la música afronorteamericana y el jazz, el arte sonoro afrobrasileño y el afrocubano, así como otras especies de la música afroamericana, han tenido que presentarse con ribetes grotescos y humorísticos, antes de ser aceptados como música “seria” por gentes “respetables”, y los tambores y otros instrumentos musicales de cuño afroide, se pintan con colores detonantes y dibujos exóticos para llamar la atención de los que no escuchan la música sino que la “miran”… Por eso las etiquetas de los primeros discos de jazz, enseguida del título- invariablemente mal traducido a nuestro idioma- figuraba con frecuencia la absurda denominación de fox trot excéntrico, aunque se tratara de un blues, de un ragtime o del dramático Black and Tan Fantasy, vertido por la orquesta de Duke Ellington (en efecto, en una de las ediciones argentinas, dicha obra del genial pianista, compositor y arreglista lleva el lastre del desatinado rótulo, colocado por “directores artísticos” semi-analfabetos que manejan un aspecto de nuestra cultura…), y sus cultivadores más genuinos se han visto constreñidos a introducir gags en sus actuaciones, para atraer el interés de públicos mal informados y peor encauzados… Y por eso, en fin, artistas como Scout Joplin, Will Marion Cook, J. Rosamund Jonson, James Reese “Jim” Europe, Bert Williams, Bill Robinson, Fats Waller, Duke Ellington, Art Tatum y tantos otros, se vieron obligados a refugiarse en el ragtime, en la comedia bufa, en el jazz y en el tap dance, cuando en realidad sus aspiraciones eran ascender a otros peldaños de la escala artística que, para el negro, aunque parezca ridículo, son todavía peligrosamente resbaladizos.
              (…) en el año 1750, el violinista afroargentino Josesito (sic) ofreció un “recital” en el Colegio de Buenos Aires. Animó un preludio, una gavota y un Concierto de Corelli. Como era costumbre en la época, se hallaban presentes varias autoridades.
              Por su parte, un hermano del instrumentista mencionado más arriba, actuaba con carácter de organista en la iglesia de Monserrat. Además, brindaba “recitales” en diversos teatros y salas de conciertos de nuestra capital.
              Corría el año 1763 cuando el mayordomo de la Cofradía de Jesús Nazareno, de la iglesia de Santo Domingo, entre los gastos que demandó la fiesta anual que llevaba a cabo dicha institución, incluyó unos gastos vinculados con las ejecuciones musicales que tuvieron lugar. Era el pago por los “trapos viejos de túnica que sirven para los negros que sacan la campanilla, la caja y el clarín”.
              (…) Dentro del lapso que encierran los años 1770 y 1790, en la orquesta de la catedral de Buenos Aires tomaban asiento más de dos decenas de músicos negros y mulatos. Unos eran esclavos y otros pertenecían al sector de los libertos. Los nombres de algunos de ellos hemos podido rescatar del olvido: Juan Gutiérrez (trompa), Luciano Díaz (clarinete), Luis Emilio Rodríguez (trombón) y Ricardo Giménez (tambor).
              José Joaquín de Álzaga, ejecutante de trompa afroargentino, estuvo enrolado también en esa agrupación instrumental, durante el período de tiempo a que nos hemos referido. Pero logró, asimismo, destacar su silueta como compositor de distintos tipos de música “ligera”.
              En el decurso del decenio de 1790, actuaba en Córdoba, como maestro de danza, un “pardo libre” oriundo de Buenos Aires, de nombre Pedro Berden. De acuerdo con las crónicas de entonces, parece que el tal Berden no era trigo limpio, sino un sujeto anormal, pues cometió estupro con una jovencita mulata. Por lo cual fue enviado a presidio, aunque luego, revocada la pena, se lo “desterró” en la provincia de San Luís.
              El “pardo libre” Teodoro Hipólito Guzmán actuaba como violinista en la catedral de nuestra ciudad y, diez años más tarde de la fecha arriba indicada, desarrolló la misma actividad en la de Santiago de Chile. Guzmán había nacido en Buenos Aires alrededor del año 1750 y murió en la capital chilena en 1820.
              Un negro llamado Norberto, de veintiséis años de edad, se desempeñaba, en el transcurso del año 1792, como violinista en el colegio Monserrat, de la ciudad de Córdoba, así como actuaba en “bailesitos” (sic) de menor cuantía. En uno de ellos, justamente, fue protagonista del hecho que relatan las crónicas de la época.”
            Ortíz Oderigo, Néstor