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Descripción archivística
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William Boyce : Symphonies I-VIII
AR ABIBUNTREF B.BC-NAP-26-000165 · Unidad documental compuesta
Parte de Colección Daniel Eduardo Nápoli

El PDF presenta la imagen de la tapa y contratapa del disco de vinilo. Las obras del disco fueron interpretadas por The Academy of St. Martin-in-the-Fields (Neville Marriner, director).
Lado 1:
Symphony No. 1 in B flat major
Symphony No. 3 in C major
Symphony No. 7 in B flat major
Symphony No. 4 in F major
Lado 2:
Symphony No. 5 in D major

a descripción se encuentra en inglés y fue escrito por Kate Eckersley.
Cuando se publicaron las ocho sinfonías (1760), el "viejo y digno amigo" de Burney, el Dr. William Boyce (1711-79), había alcanzado una posición de eminencia y honor entre los músicos ingleses. Ocupó el cargo de compositor de la Capilla Real (desde 1736), siendo también uno de los organistas de la Capilla. Tras recibir su doctorado en música en Cambridge (1749), asumió el cargo de Maestro de Música del Rey (1755-59). Su reverencia por los antiguos maestros de la música sacra inglesa, alentada por su maestro Maurice Greene, le llevó a completar la proyectada colección de música catedralicia inglesa de Greene, cuyo primer volumen se publicó en 1760.
Si bien estos puestos le exigieron componer numerosos himnos y odas para ocasiones solemnes y festivas, no se limitó a tales producciones. Para alcanzar popularidad y respeto, era necesario escribir para el teatro y los jardines de recreo de Vauxhall y Ranelagh. En consecuencia, entre 1747 y 1760, Boyce empleó su talento en la composición de máscaras, entretenimientos y música incidental para obras de teatro. Burney registra esta actividad y menciona que "el señor Arne y el señor Boyce coincidían con frecuencia en los teatros".
La mayoría de los compositores consideraban que la música vocal era de suma importancia, "la mejor música instrumental", considerada como "una imitación de la voz...” (Avison). Por lo tanto, no es sorprendente que algunas formas instrumentales se originaran como introducciones y adornos de las obras vocales". La sinfonía es una de esas formas, habiendo tenido inicialmente la misma función que la obertura, con la que era intercambiable. Tanto el origen de la sinfonía como la confusión en la terminología se reflejan en la historia de muchas sinfonías de mediados del siglo XVIII, incluidas los de Boyce y Arne. En 1760, Walsh publicó un conjunto de "Ocho sinfonías (sic) en ocho partes". Seis para violines, hoboys o flautas alemanas, y dos para violines, trompas y trompetas, con bajo para violonchelo y clavecordio (sic)..." de Boyce, que fueron tomados principalmente de sus oberturas a odas, mascaradas y incidentales. La publicación de Arne, también basada en gran medida en música teatral, se tituló "Ocho oberturas".
Al menos una razón para la publicación separada de estas obras orquestales puede encontrarse en el siguiente comentario de Avison en el prefacio de su edición en partitura de veintiséis de sus propios conciertos (1758):
"Cuando consideramos la utilidad de la música completa para instrumentos, tanto en conciertos públicos como privados, y la variedad esencial que brinda a esos elegantes entretenimientos, es algo lamentable que tan pocos compositores hayan empleado su talento en esta extensa rama del arte."
Los anuncios en los periódicos y las listas de suscriptores del siglo XVIII demuestran el crecimiento de las sociedades musicales y los conciertos orquestales hacia mediados de siglo, y es posible que para satisfacer sus necesidades se publicaran obras como las sinfonías de Boyce.
La descripción que hace Burney de la música religiosa de Boyce como poseedora de un "mérito original y excelente" y de "fuerza, claridad y facilidad" bien puede aplicarse a las sinfonías. Son estas cualidades las que debieron haber atraído a un público más amplio del que habrían podido alcanzar las últimas modas musicales. Hay mucha variedad en ellos, que van desde la delicada belleza del movimiento lento parecido a un aria de la Sinfonía I, hasta el brillante y vigoroso primer movimiento de la Sinfonía V. Los contrastes temáticos, de textura y dinámicos también son evidentes dentro de un movimiento. . Por ejemplo, el sencillo tema de apertura de la Sinfonía IV (primer movimiento) es seguido por una frase relajada y lírica (como la que interrumpe los severos ritmos punteados del comienzo de la Sinfonía VI). Luego viene un repentino estallido de repetidas semicorcheas en todas partes, el conjunto se asemeja a Vivaldi en carácter y cambio de humor.
Como era de esperar de la música originalmente concebida para el teatro, los movimientos fugaces no están exentos de pasajes que causan efecto. A menudo se abandona el procedimiento contrapuntístico estricto para aumentar la fuerza del clímax. El recurso más habitual es el de repetidas semicorcheas u otra figuración igualmente agitada en las cuerdas, coloreada por las armonías sostenidas del viento. Este tipo de escritura se encuentra en la fuga de la Sinfonía V, seguida de una poderosa declaración al unísono del tema de la fuga. La magnificencia de este efecto bien pudo haber granjeado la aprobación de Handel, quien se dice que comentó que los ingleses "deben ser excitados un poco bruscamente, y no son de una casta que se deje impresionar fácilmente por las delicias".
El estilo de Boyce es igualmente sorprendente y variado en los movimientos de baile. Está el 'vivace' algo severo de la Sinfonía III, y la Gavota de la Sinfonía VIII tiene una cualidad intensa, a la que contribuye la aspereza de la doble apoyatura de los violines. En completo contraste está el Minuetto de la Sinfonía V, una obra de vivacidad casi escarlattiana.
Las formas de los movimientos de danza también son variadas e incluyen un rondeau (Gavot, Sinfonía IV) y un movimiento de ritornello (Sinfonía I, 3er movimiento). Los primeros movimientos son de una escala más sustancial. Las de las Sinfonías III y V-VIII se basan, más o menos estrictamente, en la obertura francesa, mientras que las demás son de apariencia binaria, aunque con elementos recapituladores. La recapitulación generalmente toma la forma de un resumen de los temas anteriores, ocasionalmente con algunas figuraciones adicionales y un giro armónico que se aleja de la tónica, antes de la cadencia final.
"Desarrollo" en estas obras suele significar intensificación armónica y motívica. En la Sinfonía V esto se logra superponiendo una serie de repeticiones secuenciales de un motivo cadencial del tema de la fuga. El ritmo armónico se acelera a medida que las cadencias se disuelven entre sí. En la Sinfonía VII, sin embargo, la atención se centra en la constante incertidumbre de la dirección tonal, a la que contribuye el implacable movimiento del triplete y el ritmo armónico inmutable de gran parte de la pieza.
También se calcula cuidadosamente en detalle la puntuación de Boyce. Respaldó claramente la sugerencia de Avison de que el compositor "observara minuciosamente las diferentes cualidades de los instrumentos", particularmente en su tratamiento de los instrumentos de viento. Aparte de aquellos movimientos en los que las líneas melódicas de todos los instrumentos están dictadas por las características especiales de las trompetas o los cuernos, no se requiere que el viento imite las figuraciones de cuerdas, sino que coloree la textura. Se utilizan para enfatizar una cadencia, señalar frases y exagerar material contrastado. Proporcionan puntuación rítmica o añaden peso o brillo a un pasaje de cuerda animado al sostener las armonías. (Afirmar que los pasajes de viento sostenido de las primeras sinfonías hacían redundante el clavecín continuo sería inexacto. Cualquiera que haya escuchado un clavecín incluso en un conjunto pequeño se dará cuenta de que su efecto no es principalmente armónico, sino rítmico.) Un ejemplo inusual de El color de tono individual se encuentra en el Vivace de Symphony III. Consta de dos partes, los violines al unísono, doblados en la octava por un fagot, con el violonchelo y el continuo aportando el bajo.

AR ABIBUNTREF B.BC-NAP-12-000168 · Unidad documental compuesta · [1973]
Parte de Colección Daniel Eduardo Nápoli

El PDF muestra las imágenes de tapa y contratapa del sobre de guarda del disco de vinilo interpretado por Daniel Barenboim. El mismo, contiene un folleto con 10 páginas impresas por ambas caras, con el detalle de los ejemplares editados. Se titula: "The best of Deutsche Grammophon" piano -organ -chamber music".

Nápoli, Daniel Eduardo
AR ABIBUNTREF B.BC-NAP-2-000001-01-A · Unidad documental compuesta
Parte de Colección Daniel Eduardo Nápoli

El PDF presenta la imagen de la tapa y contratapa del disco de vinilo y el sobre interno de guarda. El LP fue grabado por: Gervase De Peyer (clarinete) y miembros de la Agrupación MELOS.
Faz A:
LA AGRUPACION MELOS
QUINTETO EN LA MAYOR, K. 581
Banda 1- Primer movimiento: Allegro Banda 2
Segundo movimiento: Larghetto
Banda 3 Tercer movimiento: Menuetto - Trios I y II. Banda 4 Cuarto movimiento: Allegretto con variazioni.
Gervase de Peyer, clarinete. Con Emanuel Hurwitz e Ivor McMahon (violines), Cecil Aronowitz (viola) y Terence Weil (violonchelo).
Faz B:
Banda 1
Primer movimiento: Andante
Banda 2
Segundo movimiento: Menuetto y trio Banda 3 Tercer movimiento: Allegretto
Gervase De Peyer (clarinete). Con Cecil Aronowitz (viola) y Lamar Crowson (piano).
Se reproduce parte del texto impreso, de Charles Reid (con traducción de Juan Manuel Puente):

El quinteto y el trío con clarinete de Mozart, de igual modo que su gran Concerto para clarinete, K. 622, fueron escritos ya sea para Anton Stadler o, por lo menos, teniendo en mente sus aptitudes. Cada una de las mencionadas partituras, a la vez que refuerzan y clarifican algunos aspectos del genio de Mozart, nos recuerdan cuán apto y sensitivo artista debe haber sido Stadler. Ambos se conocieron, al parecer, en Salzburgo, la ciudad archiepiscopal en que Mozart vio la luz primera, y en cuya orquesta de la corte se desempeñaba Stadler como instrumentista. Pero no llegaron a intimar sino más tarde, cuando este último se había establecido también en Viena, donde fue famoso por la aterciopelada calidad, casi vocal, de su sonoridad y por sus adelantos técnicos en un instrumento que, no obstante haberle agregado una tercera en la zona más aguda de su tesitura, debemos considerar primitivo conforme a los modernos standards.
Para Stadler y su clarinete, Mozart dio rienda suelta a todos sus humores y estados de ánimo. La dimensión estética de sus piezas para clarinete es sorprendentemente extendida.
Considérese, por ejemplo, en el caso del Quinteto K. 581, el contraste que se advierte entre el Larghetto y el Minuetto. Aquél es un amplio, apacible y sereno arco melódico, suavemente matizado con alguna sombra de melancolía; la forma y el carácter son un milagro de unidad. El minuetto nos transporta a un mundo por completo diferente, o, mejor aún, a una serie de mundos, todos ellos alegres y refinados, ágiles y festivos. Uno de esos micro- cosmos es el delicioso segundo Trío, en el que el clarinete parece entregarse a rústico juego, con mayor encanto aún que el desplegado jamás por María Antonieta y las damas de su séquito, al cultivar -por mero placer- similares mascaradas pastoriles.
Idéntico principio gobierna el Trío K. 498 para clarinete, viola y piano. Una vez más, los caracteres más diversos y extremos, están expuestos sin que se desperdicie una nota, y de tal modo contrapuestos que, lejos de contradecirse, parecen complementarse y completarse mutuamente.
A la fecha está claro que Stadler comunicó a la escritura de Mozart, en lo que a su instrumento atañe, una destreza, una levedad únicas, y una belleza de fraseo y de sonoridad, que están presentes tanto en las piezas de salón o de la sala de conciertos como en las escritas para el teatro, ya que su obbligato adornó entre otras las ejecuciones iniciales de la partitura de "La Clemenza di Tito". Mozart tenía manifiesta debilidad por Notschibikitschibi, conforme le llamaba afectuosamente. Durante la última fase de apremio, insolvencia y enfermedad en la corta vida del compositor, la amistad entre ambos se enfrió considerablemente. En algún buen momento anterior, Mozart había prestado dinero a Stadler, y aunque oportunamente advertido, el instrumentista se mostró remiso para devolverlo. Mozart halló entonces un nuevo sobrenombre para su nuevo amigo. Y el complicado Notschibikitschibi se convirtió en "Cara de grosella". Al fallecer Mozart, dos meses después de haber concluido la orquestación del "rondó de Stadler", último movimiento del concierto para clarinete, los 800 gulden adeudados por Stadler conjuntamente con otro personaje amigo de éste, debieron ser cancelados.
Estas pequeñas miserias sólo merecen ser recordadas como una comprobación de que el genio de Mozart se elevó siempre muy por encima, sin ser alcanzado jamás por ellas, e inefable hasta la última hora de su vida.
Los músicos a quienes puede escucharse en este disco, son los componentes de una distinguida agrupación musical británica, tan conocida y admirada en los proscenios del Reino Unido como en algunos países continentales. Gervase de Peyer, nacido en Londres de padres ingleses (aunque de extracción helvética) cumplió su primera sobresaliente actuación hallándose todavía en el período escolar, haciéndose oír como solista en dos movimientos del Concerto para clarinete de Mozart, que ejecutó con la orquesta de su colegio para una grabación a difundirse por las ondas de la BBC y sus emisoras corresponsales en el exterior. Doce meses de servicio como miembro de la Banda de Música de la Marina Real, interrumpieron durante ese lapso sus estudios en el Real Colegio de Música, donde fue distinguido con la ambicionada medalla de la Worshipful Company of Musicians y otros codiciados premios. En 1951, dos años después de salir del colegio, contribuyó a constituir la Agrupación Melos (Melos Ensemble), y desde entonces se le ha reconocido como uno de los más notables virtuosos europeos tanto en el repertorio de cámara como en el concierto.
Emanuel Hurwitz, primer violín, y los otros ejecutantes que en las obras de Mozart aquí grabados suman sus capacidades a las de Mr. De Peyer en el exacto nivel de primus inter pares, son también colegas suyos en la Agrupación Melos, proteico conjunto que abarca en su instrumentario, sendos quintetos de arcos y de soplo, los cuales ejecutan reunidos total o parcialmente, música clásica y contemporánea, en varias agrupaciones que van desde el duetto hasta la dimensión del noneto. La escritura de las partes es en Mozart tan fluyente y equilibrada, y destaca tan a menudo en el primer plano de la ejecución los instrumentos aparentemente menos importantes que, en este caso, los "pares" merecen ser señalados con especial énfasis. Primero y segundo violines, viola, piano y violonchelo, todos contribuyen con la elocuencia y habilidad que les es propia poner más exquisitamente de relieve el mozartiano esquema del contexto.

AR ABIBUNTREF B.BC-NAP-3-000002 · Unidad documental compuesta · 28-08-2023
Parte de Colección Daniel Eduardo Nápoli

El PDF presenta la imagen de la tapa y contratapa del disco de vinilo y el sobre interno de guarda. El LP fue grabado por: Felicity Palmer, Alfreda Hodgson. David Hill (órgano). The Choir of St. John's College, Cambridge The Argo Chamber Orchestra, dirigida por George Guest
SIDE ONE
PERGOLESI: STABAT MATER

  1. Stabat Mater dolorosa 4.07
  2. Cujus animam gementem 244
  3. O quam tristis 2.23
  4. Quae morebat et dolebat 2:45
  5. Quis est homo 3.02
  6. Vidit suum dulcem natum 4.25
  7. Fac ut portem 4.05

SIDE TWO
PERGOLESI: STABAT MATER

  1. Sancta mater 5.26
  2. Fac ut potem 4.05
  3. Inflammatus et accensus per te 2.34
  4. Quando corpus morietur/Amen 4.10
    PERGOLESI (RICCIOTTI): CONCERTINO II
  5. (i) Largo Da Capella non Presto 5.13
  6. (ii) Largo Affettuoso 4.21
  7. (ii) Allegro 2.33
    Se reproduce parte de la traducción del texto original de la contratapa, escrito por Peter Holman:
    El Stabat Mater Dolorosa es un poema medieval que describe la angustia de la Virgen María durante la Crucifixión. Parece datar de finales del siglo XVIII y tradicionalmente se atribuye a Jacopone de Todi, un hermano laico franciscano que murió en 1806. Aunque fue popular durante siglos como poema devocional, no fue hasta 1727 que se publicó oficialmente, aceptado en el Misal Romano y el Breviario, y por tanto en la liturgia. Aunque existen ambientaciones musicales del Renacimiento (las de Josquin y Palestrina son ejemplos famosos), el poema no atrajo atención hasta el siglo XVIII, cuando fue ambientado, entre otros por Alessandro y Domenico Scarlatti, d'Astorga, Vivaldi, Stef Fani, Bononcini Clari y Haydn, así como Pergolesi. La razón de esta repentina popularidad probablemente se pueda encontrar en la naturaleza emocional y dramática del poema, más que en su aceptación como parte de la liturgia, como, hasta donde sabemos, la mayoría, si no todas, las composiciones de los compositores enumerados anteriormente fueron diseñados para devociones no litúrgicas o presentaciones en conciertos. Ciertamente, la escenografía de Alessandro Scarlatti, que parece ser la más antigua de este grupo, fue encargada por los Cavalieri della Vergine dei dolori, una hermandad laica napolitana, para sus devociones cuaresmales. La composición de Scarlatti, compuesta para voces de soprano y contralto (probablemente cantada por castrati), dos violines y continuo, fue compuesta probablemente en la segunda década del siglo XVIII y fue utilizada por la hermandad hasta 1785, cuando se encargó una nueva composición a Pergolesi.