El PDF corresponde al texto original que aparece en el capítulo 16 del libro "Esquema de la música afroargentina". Se presenta un resumen de lo escrito por Néstor Ortíz Oderigo en esta agrupación documental:
“El año 1919 desgrana sus últimos días. Frente una abultada serie de cuadernillos pentagramados, escribe febrilmente el músico negro. La mirada fija sobre las cinco líneas del papel pautado no oculta la espesa congoja del hombre que ve transcurrir sus días y debilitarse sus fuerzas sin haber dado forma definitiva a las realizaciones que ansía llevar a cabo. Sus obras le han brindado ciertos halagos. De ello no cabe duda. Se ejecutan reiteradamente en el Río de la Plata y aún en el extranjero. Más no llenan por completo sus realizaciones. El músico desea volar más lejos en el camino de la realización estética. Anhela componer una sinfonía. Y en esta ambiciosa empresa trabaja.
Pero su salud está quebrantada. El trágico desenlace de una vida por entero consagrada al quehacer artístico no se hace aguardar. Y, entre desconocido y olvidado, el compositor negro muere en Rosario el 12 de julio de 1920, sumido en la más abyecta miseria, a pesar de que una de sus obras, la célebre Marcha de San Lorenzo, ha brindado miles de pesos a sus editores.
Este músico negro se llamó Cayetano Silva. Para muchos, un ilustre desconocido. Porque en el ámbito en el que destacó su silueta, el de la música marcial, el nombre del autor suele anularse frente el de la obra. Pero a su pluma se debe esa marcha oficial famosa, que se ejecuta en las cuatro esquinas de nuestro territorio, así como en los Estados Unidos y en Europa, y que gozó del raro privilegio de haber sido escogida para su interpretación por las bandas del ejército británico durante las ceremonias de coronación del rey Jorge V.
Cayetano Silva era un humilde negro uruguayo. Nace el 7 de agosto de 1868 en San Carlos, departamento de Maldonado. Hijo de Natalia Silva y nieto de esclavos, las tres generaciones estuvieron al servicio del hogar formado por los esposos Silva. De ellos la familia del músico adoptó el apellido, tal como era costumbre entre los esclavos afroamericanos (…). Aguijoneado siempre por el deseo de progreso y perfeccionamiento de sus medios técnicos y expresivos, Cayetano Silva se traslada a nuestras playas. En la ciudad de San Juan organiza la banda de esa urbe. Pasa luego a Mendoza y crea el cuerpo de bomberos. Y en Rosario funda un conservatorio y dirige orquestas que cultivan diversos géneros, en teatros y salas de espectáculos. Actúa más tarde en artillería uruguaya e ingresa como trompetista en la banda de Sampaio, barco de la marina brasileña.
Pero, antes que transcurra mucho tiempo, se traslada a Venado Tuerto con el objeto de cumplir algunos compromisos artísticos y ejercer como maestro de escuela. Allí compone la marcha inmortal, con letra de Carlos J. Benelli, dedicada al general Ricchieri. Corre el año 1902.
Curioso resulta señalar que la célebre marcha que todavía hoy vive, fue vendida por su autor en la suma de cincuenta pesos, para ser distribuida gratuitamente como propaganda de un producto comercial...
Si Cayetano Silva está en la historia de la música de nuestro país, no es únicamente por su famosa y tradicional marcha. Porque no fue el músico de una sola obra. Su tránsito por los caminos de la composición, están iluminados por páginas como La aurora de la vida, himno para soli, coro y orquesta, compuesto especialmente para la Sociedad Obrera Uruguaya, sobre un texto de Eduardo Gordon; las marchas Curupaytí -hoy llamada Tuyutí- y 22 de Julio, así como la música para Canillita, la conocida obra de Florencio Sánchez.
Pero los ecos brillantes de la conmovedora marcha inspirada en la gloriosa gesta sanmartiniana son los que harán perdurar y vivir, a través del tiempo, el nombre ilustre del sencillo y talentoso músico de San Carlos.”
Marcha de San Lorenzo
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AR ABIBUNTREF C.BP-ORT-1-1-000210
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Unidad documental simple
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1912 - 1996
Parte de Fondo Néstor Ortíz Oderigo