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Nápoli, Daniel EduardoPiano
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El PDF muestra las imágenes de tapa y contratapa del sobre de guarda del disco de vinilo interpretado por Daniel Barenboim. El mismo, contiene un folleto con 10 páginas impresas por ambas caras, con el detalle de los ejemplares editados. Se titula: "The best of Deutsche Grammophon" piano -organ -chamber music".
Nápoli, Daniel EduardoEl recorte contiende dos reseñas realizadas por Arizaga, la primera se llama "Tanta solemnidad". Trata sobre la visita del compositor inglés Benjamin Britten, quien interpreta la obra “Los planetas” de Gustav Theodore Holst. El título hace referencia a la grandilocuencia del trabajo de Holst.
La segunda reseña es sobre Fou Ts´ong, un intérprete pequinés y como crítica a una crítica del Herald Tribune de Estados Unidos. El texto de Arizaga contradice a la nota del periódico norteamericano, ya que recuerda que en Buenos Aires, la interpretación de Ts´ong de las dos sonatas para piano de Franz Schubert resultaron difíciles para el artista. Concluye con que a Ts´ong le falta edad y genio para “tanta sabiduría”. El recorte corresponde al ejemplar de Primera Plana perteneciente al 24 de octubre de 1967. Está foliado por Arizaga en rojo con el número 39.
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Nápoli, Daniel EduardoContiene partituras de estudio orientadas al aprendizaje o interpretación en forma de cuadernillos. Las mismas son del propio Rodolfo Arizaga o de otros autores y formaban parte de su legado.
Arizaga, RodolfoGuion para el programa radial "Meridiano del jazz", transmitido el domingo 21 de marzo de 1965 a las 13: horas. La primer foja muestra la lista de los discos emitidos al aire ese día. Hay una nota manuscrita escrita en color rojo, que menciona que "Esta emisión gustó mucho".
Se comparte el texto de la disertación preparada por Néstor Ortíz Oderigo, que se encuentra a partir de la segunda hoja, en el PDF de este registro:
"En nuestra emisión del domingo pasado, el tiempo no nos permitió referirnos más que a uno de los incontables pianistas de jazz, a quienes no es posible ubicar, en forma definida y definitiva, en ninguna de las distintas escuelas jazzísticas, ni aun en las prejazzísticas. Se trata de instrumentistas a quienes denominaremos "independientes". Sus estilos son autónomos. Pues no están enrolados en ninguna de las corrientes pianísticas a que nos hemos referido en el curso de este breve ciclo que estamos consagrando a la función del piano en el territorio del jazz y al quehacer de algunos de sus cultivadores. Ello no obstante, en sus lenguajes pueden haber, y sin duda hay, elementos de las tendencias estilísticas ya referidas. Por consiguiente, permítasenos ampliar hoy este capítulo.
Abriremos el fuego hablando de Clarence Williams. Trátase de un músico que rebasa con holgura las fronteras del tema que estamos tratando. Es una figura polifacética. Vastas son sus dimensiones estéticas. Su labor se proyecta no sólo hacia distintos rumbos del jazz, sino también hacia el campo de los blues-Vocales e instrumentales- y del ragtime pianístico. Porque Clarence Williams es pianista y cantante, orquestador y compositor, poeta y editor. Y hasta compilador de libros sobre folklore. Por lo demás, todo ello lo ha realizado con probidad, con eficiencia y entusiasmo, pero sin estridencias ni alharaca, y sin que "crfticos" extranjeros, demasiado vinculados con las empresas fonográficas para recibir ese nombre, le hayan entonado loas.
De Clarence Williams todavía no se ha efectuado un aquilatado estudio que coloque sus indudables virtudes en la plancha de la báscula, para justipreciar hasta qué punto gravitó en el meridiano del jazz, desde los distintos planos de su versátil quehacer artístico. Quienes hemos seguido su obra con interés y algún empeño, podemos afirmar, sin temor a pisar terreno falso, que su aporte es cuantioso y que la casi totalidad de sus discos, grabados con grupos estelares o con músicos en su momento desconocidos pero de garra, conservan su verdor a través del tiempo. Y si no se lo aprecia más en el ámbito del arte hot, es sencillamente porque sus grabaciones no son de fácil adquisición, a pesar de que, durante estos últimos tiempos, algunos de ellos han sido reeditados, aunque por sello s fonográficos que no alcanzan eco popular, sino que van a reducidos sectores de especialistas.
En el umbral de estos apretados párrafos, señalemos que este artista fue de los primeros músicos que utilizaron el piano para Comenzar las versiones orquestales, iniciativa ésta que Count Basie adoptaría como característica poco menos que ineludible de sus versiones.
Veterano del Mahogany Hall, de Lulu White, la "Diamond Queen", se ha destacado Clarence Williams como pianista de amplio aliento en el campo de los blues y del ragtime. Y a ambos territorios lleve los chispazos de una fuerte personalidad, que hace que sus versiones sobrenaden entre las de sus colegas. En este último terreno, por ejemplo, su Wild Flower Rag, del que no dejamos de gustar a pesar del tiempo que nos separan de la fecha de su creación -mediados del año 1928-, es un verdadero modelo de habilidad y mesura en el ejercicio de un lenguaje apretado, caracterizado por la economía de recursos y el derroche de expresividad. Por otra parte, en el idioma de los blues adaptados al teclado -lengua que habla con fluidez-, su léxico está salpicado de hallazgos que lo colocan en la cresta de la ola del género, al lado de los más fogueados especialistas.
Ejemplos representativos de su personalidad, son los acompañamiento s que teje a la cancionista Bessie Smith en páginas tan persuasivas como Gulf Coast Blues y Down Hearted Blues.
Ya que hemos incursionado en los dominios del blues, detengámonos algunos instantes en un pianista ampliamente conocido entre los estudiosos extranjeros y los aficionados que se interesan por esta especie musical afro norteamericana. Hablamos de Irving Johns. Es más: el touch de este pianista se ha tornado inconfundible en cuanto pulsa el primer acorde. Consagrado casi invariablemente a la difícil tarea de acompañante de cancionistas, en particular cancionistas de blues, Irving Johns ha hecho de este quehacer una especialidad realmente creadora y significativa. A ella aporta el tacto, la mesura, la discreción y ese don de no ponerse muy en evidencia que se requieren no sólo para dar relieve al artista a quien se secunde, sino también para no entorpecer su labor. Digamos asimismo que Johes es un pianista que posee mucha más técnica de la que los acompañamientos de blues le permiten poner en juego. Su sonoridad y su touch son los de un profesional hecho y derecho.
Oigámoslo, como acompañante de Bessie Smith, en Jailhouse Blues. Se trata de un blues de neto contenido social, que recoge versos clásicos en el género.
Como en los casos de Horace y Fletcher Henderson, el campo específico de Edgar Hayes ha sido la orquestación y, en menor grado, la composición. En el territorio de estos quehaceres, evidente resulta que la influencia de Duke Ellington se hizo sentir con fuerza. Love's Serenade, por ejemplo, se acerca bastante a Mood Indigo y a otras páginas de la antologia ellingtoniana, aunque desde luego que guardando las debidas distancias. No obstante, hurgando profundamente en su labor pianística, podría quizá hallarse en ella algo de Earl Hines, Pero no olvidemos que, cuando el creador de Fifty-seven Varieties apenas era conocido en Chicago, Edgar Hayes había ya alcanzado la madurez y actuaba generosamente en Harlem, donde era un músico de éxito. Por consiguiente, podemos considerarlo un pianista de estilo autónomo. Y si es dado reconocerse influjos en sus "maneras", los ha diluído y fusionado en un neto estilo personal, caracterizado por una mano izquierda sólida y ágil y un discurso que fluye, generoso, de la derecha.
Con la Mills' Blue Rhythm Band, oigámoslo en Heebie Jeebies.
Si bien muy lejos se hallaba de la talla de James P. Johnson, de Earl Hines o de "Fats" Waller, Luis Russell llegó a ser un elemento discreto, dentro del extraordinario marco de su orquesta, que, en determinado lapso, figuró sobre un mismo pie de igualdad con las mejores del género. Pero Russell era, ante todo y sobre todo, un orquestador y un líder orquestal, y como pianista no se asomaba muy frecuentemente en soli, sino que limitaba su quehacer a la marcación rítmica. Y dentro de esta labor, nada podía reprochársele.
Al vigoroso Jersey Lightning, grabado al frente de su orquesta, aporta un mesurado solo.
Duurante la década de 1930, varios directores de orquesta que entonces conquistaron prestigio y nombradía, eran pianistas y orquestadores, cuando no también compositores. Entre ellos, Horace y Fletcher Henderson, Duke Ellington, los ya mencionados Edgar Hayes y Luis Russell, el Hines, Fredrel die Johnson, Claude Hopkins y tantos otros.
Al mundo de la composición y del arreglo orquestal, vino Claude Hopkins bajo la advocación de Duke Ellington. Ello puede apreciarse con claridad escuchando páginas suyas como Washington Squabble y Mystic Moan. Pero llegó a esta estética por vías muy diferentes de las del maestro washingtoniano. Porque, en el decurso de los años veinte, con su Charleston Jazz Band, acompañó a Josephine Baker, durante su actuación en la Revue Negre, en la que la vedette de ébano aparecía ataviada con un sumario monokini de bananas.
Aunque la mano izquierda de Claude Hopkins suele contener destellos wallerianos, es un pianista muy personal en su decir. Evidentemente, no milita en ninguna tendencia estética. Su estilo, sencillo, es cantabile; algo débil, su touch. Pero es un instrumentista netamente "musical" y libre de trabas de orden técnico. Durante los años treinta, su orquesta alojó un puñado de estrellas, entre las que figuraron Edmond Hall, que a la sazón manipulaba con destreza el saxófono barítono, y el trombonista Fernando Arbello, gran técnico a quien conocimos en Buenos Aires, cuando nos visitó con la orquesta de Pérez Prado.
Puede apreciarse el "toque" de Claude Hopkins, en Walkin' the Dog. Es un registro de su orquesta.
Muerto en el año 1945, en Calcuta (India), donde estaba radicado, Teddy Weatherford era otro pianista susceptible de figurar entre los "independientes". Sus "maneras" artísticas podían tener, y sin duda poseían, algo de los cultivadores del ragtime. Pero su estilo exhibía una robusta personalidad, a pesar de que sus ejecuciones eran algo mecánicas. Porque, aunque navegó esporádicamente en las corrientes del ragtime y de los blues llevados al teclado, nunca fue un especialista en ninguna de estas dos especies musicales afro norteamericanas.
Static Strut, en versión de la orquesta de Erskine Tate, exhibe un solo de este pianista. El cornetista es Louis Armstrong. Aunque las discografías no lo dicen, según nuestros oídos hay aquí dos pianos. El de Weatherford es, por supuesto, el que lleva la voz cantante. Ignoramos quién puede ser el segundo pianista.
Nacido en Nikolaev (Rusia), a los seis años fue llevado Art Hodes a los Estados Unidos. De niño tomó contacto con la música de los negros de Chicago, cuyos latidos se ha esforzado, desde entonces, por captar con el mayor grado de pureza. Sin embargo, su mecanismo técnico, precario en grado sumo, lo inhibe y lo coarta en sus esfuerzos, sin duda sinceros, de expresarse a través del lenguaje de los blues, con los cuales está espiritualmente pero no técnicamente consubstanciado. A pesar de ello, ha sido exaltado por críticos extranjeros que fundan sus juicios sobre la base de las intenciones -no de las realizaciones- de los músicos, o sobre sus gustos personales, que anteponen a la objetividad que requiere el oficio. South es una muestra representativa de las posibilidades técnicas y artísticas de Art Hodes. Es un conjunto reclutado por el propio músico.
Cuando Teddy Wilson apareció, durante los aflos treinta, causó sensación, Auténtica sensación. Criticos extranjeros y aficionados se lanzaron tras las huellas de sus soli. Los rastrearon hasta por la vía de conjuntos como el del insoportable cantante Bob Howard, donde no solamente se hallaban las "sorpresas" wilsonianas, sino también los portamenti clarinetisticos de Barney Bigard.
En 1933, Teddy Wilson grabó con la orquesta de Louis Armstrong. Pero el creador de Cornet Chop Suey hallábase entonces demasiado preocupado por los agudos, para prestar atención al astro que surgía con fuerza evidente. Por eso, para tomar contacto con los primeros soli del artista, hay que recurrir a la orquesta de Willie Bryant o ingerir la píldora amarga de Bob Howard, que no es para todos los estómagos.
Willie Bryant era también un cancionista pésimo, pero tenía una virtud: no siempre se hacía presente en las versiones de su orquesta. Y la primera de las grabaciones que Teddy Wilson realizó con este organismo, se libró de la voz del director. Era Throwin' Stones at the Sun. Aquí encontramos un Teddy Wilson todavía en agraz.
Surgidos estos primeros registros fono eléctricos de Teddy Wilson, muchos de sus colegas acercaron el oído celosamente a sus creaciones y templaron sus dedos para captar los latidos de su estilo. Una nube de imitadores y émulos de toda laya pobló entonces el cielo del jazz. Se llamaban Billy Kyle, Mel Powell, Joe Bushkin... Y todos ellos se habían iniciado al amparo de la influencia de Earl Hines o la sufrieron posteriormente. Entretanto, continuaban surgiendo los discos de este renovador del piano jazz.
Teddy Wilson ha sido un hijo artístico de la escuela de Earl Hines, de la "escuela de trompeta", del trumpet piano style. Pero un hijo que no tardó en abandonar el hogar paterno, para lanzarse a la búsqueda de su propio rumbo. Y lo encontró; lo encontró con la brujula de una sólida y bien desarrollada técnica, al servicio de un gran estilo, de un estilo de al to vuelo. Porque, aunque bebió a grandes sorbos en el trumpet style, en ningún momento llegó a la copia fiel de las "maneras" de su creador. sólo se inspira en ellas. Y no titubeó en pasarlas por el tamiz de su propia personalidad y dejar en su cedazo lo que, para él, constituían las partes gruesas de esas "maneras". Fue así como, la izquierda vigorosa, saltarina, inquieta y caprichosa de Earl Hines, se tornó más plástica, menos nerviosa, más "musical" y delicada.
Un ejemplo de lo dicho es I`ll Never Be the Same, grabado al frente de su orquesta y con la colaboración de Billie Holiday.
Igual tratamiento que el acordado a la mano izquierda, concedió Teddy Wilson a la melodía, al timbre, al fraseo. Y la "escuela de trompeta" dio paso a un estilo cuidado, en el que reinan el orden y la disciplina más celosos, con "toques", a veces excesivos, de métodos de "conservatorio" y escalas salidas de los libros de ejercicios de Czerny. Como jazzman, pues, Teddy Wilson es inferior a Earl Hines, y menos original. Pero siempre se muestra relaxed, nunca tenso; siempre medido, jamás excesivamente decorativo. Por otro lado, es capaz de crear ideas originales, y se plantea problemas técnicos que resuelve con habilidad y sin esfuerzo aparente. Contrariamente al procedimiento de Earl Hines, con la mano derecha, que cobra preeminencia sobre la izquierda, teje una línea melódica en la que hallamos dilatadas secuencias de notas individuales. Abríase, en esta forma, la puerta al "ultraísmo" aplicado al piano.
Oigamos otra creación de este artista. Es Warmin' Up, obra que lleva su firma. Es un conjunto reunido en torno de él. Figuren en su seno, entre otros, Roy Eldridge (trompeta), Buster Bailey (clarinete), Choo Berry (saxófono tenor) y Sidney Catlett (percusión.
En la modalidad pianística de Mary Lou Williams hallamos una simbiosis de elementos provenientes del stride piano style, de los estilos de Fats Waller, Earl Hines y Teddy Wilson. Pero el resultado de ella, es un estilo altamente singular, altamente personal, alumbrado por la iridiscencia de un timbre pianístico inconfundible, que tiene algo del barrel-house y no poco de los grandes concertistas de la música "académica".
Sin embargo, se trata de una pianista de estilo netamente jazzístico. Cabe añadir que Mary Lou Williams, que ejecuta con la fuerza y el vigor de un hombre, es una arreglista de fuste, que ha "hecho" grandes orquestas como la de Andy Kirk y ha trabajado para conjuntos de diversos grados de eficiencia, pero a los que siempre ha impreso una robusta e inconfundible individualidad.
Pero no nos extenderemos sobre las virtudes de esta interesante silueta jazzística, pues, al hablar de la mujer en el jazz, en una de nuestras emisiones del año 1964, le consagramos amplios párrafos. Escuchemos, entonces, una de sus grabaciones más características, dentro del lenguaje clásico; porque luego evolucionó hacia otros planos de la estética del jazz. Nos referimos a Isabelle.
Guion para el programa radial emitido el domingo 25 de febrero de 1965 a las 13: horas.
Se comparte el texto de la disertación preparada por Néstor Ortíz Oderigo, que se encuentra en el PDF de este registro:
“Sabido es que los primeros conjuntos de jazz, por su carácter ambulante, prescindían del piano. Sin embargo, este instrumento no tardó en unir sus ricas voces al coro de la orquesta sincopada. Y lo hizo no sólo como integrante de la sección rítmica, sino también como solista. Pero, tal como ocurre asimismo en el seno de la música afrocubana y en el de la afroamericana en general, en el jazz el piano se convierte en un instrumento de percusión.
Por otro lado, los pianistas no permanecían inactivos durante la época en que las orquestas hot prescindían de sus servicios. Actuaban, como solistas, en las "casas de mala fama" de Nueva Orleáns, en los honky-tonks de Saint Louis y Sedalia, y en los lugares de esparcimiento de Harlem.
De todos los miembros organográficos, el más difícil de abordar por el músico folklórico o el "popular", es el piano. Por su complicado mecanismo técnico y por el hecho de que, en realidad, es un instrumento de adaptación muy embarazosa al fraseo y el timbre peculiares de la música afro americana y del jazz, su lenguaje jazzístico se desenvolvió con mucha mayor lentitud que el de los otros miembros de la orquesta. Por lo demás, cuando los músicos negros enfrentáronse con los instrumentos europeos, no los emplearon en la forma "académica" en que lo utilizan los músicos "cultas".
Antes al contrario, los enfocaron "a su manera". I de esta manera" propia de ellos, surgieron normas y técnicas de ejecución que, en no pocos aspectos dilataron las sendas órgano gráficas con insólitos aportes. Si el piano se resistía a la imitación de la calidad vocal del arte hot, los ejecutantes sustituían los efectos de vibrato, de los instrumentos aerófonos, por el tremolo en octavas, y a les inflexiones de las voces, reemplazaba la presión simultánea de dos o más notas.
Una de las primeras aproximaciones del músico negro al piano, tuvo lugar por la vía del ragtime, música pianística por excelencia, derivada del banjo de las plantaciones del sur norteamericano.
Desde el punto de mira formal, los ragtimes exhiben una morfología casi inmutable, Cada parte o sección en que se dividen sus melodías consta, por lo general, de dieciséis compases de extensión, aunque los hay también de treinta y dos, y a veces, en una misma página, conviven ambas medidas. Los rags están integrados por tres o cuatro temas distintos, no siempre vinculados entre sí, y a veces ofrecen un agudo contraste. Uno de estos motivos, por lo general el segundo, destaca por incluir un cambio de clave, y se denomina Trío. A estos temas los precede, y a veces los sigue, une introducción o una coda de cuatro compases.
Pero no nos extendamos sobre el ragtime. En el de curso de este ciclo y de otro consagrado a la música afroamericana, ya nos hemos ocupado in extenso del género. Vayamos a la discografía. El registro que surge en nuestro auxilio es el hermoso Saint Louis Rag, de Tom Turpin. La versión corre a cargo de su autor, quien la registró en rollo de pianola en el año1903. Casi medio siglo más tarde fue transcripta al disco.
La escuela de los blues pianísticos incluye el boogie woogie y el llamado barrel-house. En ella, el piano crea líneas melódicas y rítmicas de blanda articulación, así como timbres de singular riqueza, y a los que la disonancia brinda una atmósfera de particular belleza y seducción. Por cierto que el jazz pianístico no ha podido divorciarse por completo de la técnica europea. I es así como, hasta la producción de excepcionales cultores de esta modalidad del teclado que es la más genuinamente afro- norteamericana-, exhibe una constante utilización del contraste tímbrico, logrado sobre la base del empleo de las distintas octavas del instrumento, al estilo de la música "erudita".
También desempeña un papel de subida consideración en esta "manera" de ejecución del piano, la utilización de diseños sonoros heredados de las versiones guitarrísticas de la másica folklórica de los negros de los Estados Unidos, y entre los que destacan los trinos y los tremoli. En este sentido, por ejemplo, es común parangonar el boogie woogie con la música de Scarlatti. Desde luego que el paralelo no es arbitario. Responde al hecho de que, como se sabe, este compositor hizo un género so uso de las técnicas de los laudistas españoles.
Con el correr de los años, la escuela pianística de los blues ha ido evolucionando. Pero no es un arte fenecido, que hoy pertenezca a la etnografía musical. En diversas zonas de los Estados Unidos, pervive con neto carácter folklórico.
Un autorizado exponente del blues pianístico era "Cow Cow" Davenport.
Gracias a su notorio Cow Cow Boogie, hasta conquistó relieve popular. Algo irregular se mostró a través de su generosa discografía. Pero, en sus buenos momentos, fue capaz de crear páginas de la belleza punzante y persuasiva de Slow Drag.
Al hablar de los blues en el piano, hay un artista cuyo nombre se torna inevitable. Aludimoa a Jimmy Yancey.
La mayoría de los pianistas de boogie woogie, se caracterizan por la mano izquierda vigorosa y percusiva con que ejecutan. No era éste el caso de Jimmy Yancey. Pues este artista se había colocado al otro lado de la trinchera. Y así forjó una personalidad muy alejada de toda intención ampulosa o espectacular. Porque el rasgo peculiar de sus creaciones lo constituía el touch delicado, aéreo, con que vertía los blues. Improvisador de fluencia singular y dilatado estro, sabía mantenerse dentro de un plano de mesura realmente ejemplar. Por eso, sus versiones llamaban la atención, en particular, por la sobriedad sobre cuya base se desenvolvían.
Por lo demás, señalemos que sus realizaciones pianísticas, de una parquedad y una economía de recursos notables, han llegado a convertirse en verdaderos modelos de blues plegados a las exigencias pianísticas. En ellas, nada hay del exhibicionismo al que, ejecutantes de dudoso gusto, han condenado al boogie woogie. Quizá por este motivo, Jimmy Yancey no alcanzó nunca la elevada curva de popularidad de que gozan otros pianistas del género, cuyos estilos son más llamativos. Porque su arte era una inconfundible expresión de autenticidad raigal, un ejemplo de serenidad, nobleza y equilibrio. A veces, hasta resultaba descarnado en exceso, demasiado simple para el oyente que no penetre cabalmente en el expresionismo denso y hondo que era capaz de aprehender y trasmitir este singular artista.
Hablemos ahora del barrel-house. Esta denominación ampara a cierto tipo de bares o cheap saloons existentes en los barrios negros de ciudades norteamericanas. En ellos, las bebidas se expenden directamente de las bordalesas, en cuyas espitas los propios clientes llenan el vaso o jarro, por la modesta suma de veinticinco centésimos de dólar. De ahí el nombre de barrel-house, que, literalmente, significa "la casa de los barriles".
A estos bares concurre la capa más modesta de la colectividad afronorteamericana. De la atmósfera de estos sitios provienen no pocas de las iniciativas musicales que, aun en la actualidad, impiden que el jazz se convierta en una música almidonada y tiesa. Y de allí viene el estilo pianístico que lleva este nombre, así como las "maneras" del jazz también denominado en esta forma. Porque la modalidad del teclado así llamada, no sólo es una manera directa, máscula y persuasiva de tocar el piano. También constituye, y en primer lugar, un "sentido" musical, una atmósfera musical que imprime al jazz que respeta dicha "estética", un perfil particular. La del barrel-house, más que una "técnica", es un "espíritu". Por eso, los blues pianisticos más low-down, más down-to-earth, más castizos y desnudo s de ornamentos superficiales, son los llamados barrel-house blues.
Varios pianistas cuya producción ha llegado hasta nosotros a través del disco podrían ilustrar nuestras palabras, desde Little Brother, hasta Blind Leroy Garnett, desde Charlie Segar, hasta Sugar Underwood. Pero la pianista y cantante Hociel Thomas será la encargada de ejemplificar el espíritu de la música de los blues cultivados en las barrel-houses. Y la página se titula, precisamente, Barrel-house Man. En la corneta: Papa Mutt Carey.
El jazz que se ejecutaba o se ejecuta en las barrel-houses-en las que no sólo el piano y la voz humana amenizaban las veladas, sino también pequeños agrupamientos organográficos y aun orquestas, es una música de expresiva rudeza. No hay en ella contemplaciones de orden melódico. Los instrumentistas echan mano de todos los recursos primigenios del género. Y los ponen en juego con el objeto de lograr el intenso expresionismo que es la meta última de toda la música afroamericana y de su matriz, la africana. Así es como las versiones destilan swing, potencia, vigor, ritmo, calor.
Pocas veces el disco fonográfico ha captado con fidelidad los latidos de la escuela instrumental jazzística generada en las barrel-houses. He aquí uno de los contados ejemplos existentes. Trátase de Sweetie Dear. Son los New Orleans Feetwarmers, conjunto de efímera vida, organizado, en 1932, por Sidney Bechet y Tommy Ladnier.
A esta altura de nuestra exposición sobre diversas ramas del piano-jazz, acerquemos el oído a la música de una de sus figuras rectoras, de una figura excepcional, de un abridor de fértiles rutas inéditas, de un artista de personalidad poliédrica, de un romántico del jazz que vivió fuera del tiempo y del espacio, fuera de la cruda y agria realidad que lo circundaba. ¿Hace falta decir que nos referimos a Jelly Roll Morton?
Artista cuya existencia transcurrió durante un instante por diversas causas excepcional del jazz, su personalidad rica, vigorosa, saturada de contrastes bruscos, de fuertes trazos, de líneas agudas e insólitos diseños, se formó al socaire de la estratificación y la yuxtaposición de un Variado mosaico de elementos. La música urbana de la Nueva Orleans de fines del siglo pasado y principios de nuestra centuria, los cantos de trabajo, los negro spirituals, el arte de los minstrels, la música de la plaza Congo, el famoso Spanish tinge, el ragtime de Saint Louis y Sedalia, la música de los funerales negros, los cantos criollos de Luisiana, los sabrosos pregones que se escurrían por las tortuosas calles del Vieux Carré, los cantos de los guitarristas ciegos, las ejecuciones de las skiffle bands, los blues: todo ello palpita y da vida, calor y "color" a la música y al estilo de Jelly Roll Morton. Por eso pudo decir, desde luego que errónea- mente, que todos los artistas que ejecutaban jazz, ejecutaban la música de Jelly Roll Morton. Porque a megalomanía, a auto suficiencia y a narcisismo nadie lo superó.
Pero éstos son otros cantares, que aquí no nos interesan. Lo que nos importa es que su música y sus ejecuciones pianísticas y vocales no sólo alcanzaron alturas himalayescas, dentro de su órbita, sino que lograron abismales profundidades expresivas en el territorio de los blues pianísticos y vocales, y, en la historia del jazz, señaron hitos que no se borrarán.
Después de haber escuchado Mournful Serenade, por el cuarteto de Jelly Roll Morton, que es una "reinterpretación" de Chimes Blues, de King Oliver, oigamos a un pianista que no siempre se vincula con la escuela de los blues pero que, en este jugoso terreno, ha creado un par de obras maestras. Una de ellas es Caution Blues. Y su nombre, desde luego, Earl Hines, sobre cuya personalidad no hemos de detenernos, de él nos ocuparemos al tratar el trumpet-piano style.
Pasemos ahora a la escuela pianística denominada Harlem party piano o Stride piano. Trátase de una “manera" de interpretación o creación pianística cultivada en el barrio negro de Nueva York desde los años diez. Una de sus características estriba en la ejecución de un acorde sobre los tiempos débiles del compás, con la mano izquierda, alternado con el tañido de una nota grave sobre los tiempos fuertes.
Esta escuela sumerge sus rafees en el ragtime. Pero curioso resulta señalar el profundo influjo que, sobre ella y sus cultivadores, ejerció la pianola, cuya ejecución permitía ciertos "virtuosismos" que no tardaron en ser incorporados al lenguaje del Harlem party piano. Por eso los primeros discos que de esta modalidad se conservan guardan una estrecha similitud con las ejecuciones registradas en rollos de piano mecánico. Desde luego que los blues también penetraron verticalmente en esta escuela, aunque los blues estilizados por los artistas del Norte.
El decano y maestro del Harlem piano o Harlem party piano fue James P. Johnson. De sólida formación técnica, fue alumno de un discípulo de Rimsky- Korsakov. Navegó en dos aguas, pues, así como era un creador de fuste en las fronteras del jazz, compuso sinfonías, conciertos y poemas sinfónicos ejecutados en Europa y los Estados Unidos, aunque no con la frecuencia merecida.
En su individualidad artística se mancomunaban las dos corrientes fundamentales sobre cuyas sólidas bases descansa el clásico lenguaje jazzístico adaptado al piano: la de los blues y la del ragtime. Conocedor profundo de estas dos modalidades, absorbió las posibilidades de ambas concepciones, que, aunque opuestas en su espíritu y aun en su forma, se complementan y "armonizan" a perfección cuando están equilibradas en un artista del aliento de James P. Johnson. Pues, en tanto que el estilo pianístico de los blues requiere una pulsación firme, pero blanda, y una sonoridad seca, aunque "musical"; el ragtime exige, más bien, un pulso rígido y un sonido "duro". Y ambas características se daban cita en las expresiones del cultor del teclado desaparecido hace una década.
En versión de este artista, sale al aire Mule Walk Stomp.
Willie "The Lion" Smith, Art Tatum, "Tats" Waller y otros pianistas de primera fila bebieron a grandes sorbos en la escuela del Harken party piano. Duke Ellington también se dejó llevar por esta corriente, aunque por supuesto que la adaptó a sus propias necesidades estéticas y la coloreó con su lápiz policromo. En efecto, todas sus versiones pianísticas dejan traslucir los vigorosos ecos de esta enjundiosa modalidad, que el autor de Mystery Song absorbió durante su época formativa, en el Harlem de los años veinte.
Aquí tenemos un ilustrativo ejemplo de cómo Ellington enfoca la escuela de que hablamos y de qué manera, también, su música es siempre la música de Ellington, sean cuales fueren los elementos que entren en su composición o ejecución. La página se titula Dallas Doings. Del año 1933 data el registro. Y en los acordes "golpeados" con la mano izquierda, hallamos claros anticipos del estilo pianístico "ultraísta".
¿Cómo se puede hablar de la escuela pianística de Harlem sin detenerse un instante en "Fats" Waller? Waller frecuentó las house rent parties que, nacidas de una necesidad económica, se convirtieron en un vivero artístico. Las frecuento con los oídos bien abiertos y el cerebro en actitud de captación alerta y penetrante. Por eso no tardó en convertirse en un maestro asombrosamente consubstanciado con esta tradición artística. Por cierto que, así como Ellington reconoce lo mucho que debe, pianísticamente, a Willie "The Lion" Smith, no vaciló Waller en proclamar que era hijo artístico de James P. Johnson. Por lo demás, quienquiera que oiga sus discos y los del creador de Carolina Shout, podrá comprobar por sí mismo el hecho.
¿Qué mejor, en este sentido, que escuchar la citada página de James P. Johnson, en versión de Waller?"
El PDF muestra las imágenes de tapa y contratapa del sobre de guarda del disco de vinilo interpretado por Cristoph Eschenbach en Piano y el AMADEUS-QUARTETT, integrado por:
Norbert Brainin, 1er Violín; Siegmund Nissel, 2do Violín; Peter Schidlof, 1er Viola; Martin Lovett, Violonchelo, con Cecil Aronowitz, 2da viola.
Lado A:
- Satz: Allegro non troppo
- Satz: Andante, un poco Adagio
Lado B:
- Satz: Andante, un poco Adagio
- Satz: Scherzo: Allegro
- Satz: Finale: Poco sostenuto
Allegro non troppo • Presto non troppo
El texto se encuentra en tres idiomas: alemán, inglés y francés.
Cuando Arnold Schönberg recomendó material para el estudio de los procedimientos técnicos de composición a su amigo y alumno Anton Webern en 1931, le aconsejó que observara "las variadas y múltiples líneas entrelazadas" de la música de Johannes Brahms. Schönberg, que se había preocupado intensamente por las obras de Brahms, llamaba así la atención sobre la técnica de variación temática característica del compositor anterior, que se revela al comienzo del primer movimiento del Quinteto para piano op. 34. El tema al unísono tocado en dos octavas (violín, violonchelo, piano) se transforma después de su primera aparición en una figuración secuencial de semicorchea, que finalmente queda suspendida en la dominante, lo que lleva al regreso del material temático a su forma básica. . Casi de inmediato, en el tercer compás, los contornos del tema vuelven a alterarse y aparece en diversas formas, iluminado desde diferentes ángulos. El segundo movimiento, con sus dulces terceras y sextas paralelas, es totalmente típico por su encanto tonal. El Scherzo (tercer movimiento) fascina por su construcción poco convencional, a pesar de mantener la forma general tradicional con una sección central en trío. La entrada del majestuoso tema en do mayor después de una preparación tensa y rítmica se encuentra entre las más efectivas de las inspiraciones de Brahms, y el motivo rítmico de transición se desarrolla armónicamente con gran efecto durante el curso del movimiento. Aunque Brahms eligió la forma clásica del rondó para el final, abandonó la atmósfera habitual de una danza bulliciosa y creó en su lugar un ambiente reflexivo, casi melancólico. En el desarrollo del tema principal aprovechó todo su arte en la inversión y transformación de melodías, "variadas, múltiples entrelazadas". Se ha observado con razón que en esta obra Brahms alcanzó la máxima altura de sus logros en el ámbito de la música de cámara, aunque un elemento "orquestal" es evidente bajo la superficie. Clara Schumann tal vez lo intuyó cuando, al escuchar la versión para piano, escribió que la abundancia de ideas se podía distribuir en "toda una orquesta".
El Quinteto con piano tiene una historia inusual. Originalmente se planeó, y de hecho se completó, como un cuarteto de cuerda, pero debido a la falta de atracción tonal, Brahms no estaba satisfecho con él y lo dejó de lado. Como las mejoras sugeridas por su amigo, el gran violinista Joseph Joachim, no produjeron el resultado deseado, Brahms reescribió el cuarteto como una sonata para dos pianos, forma en la que lo interpretó con Tausig en un concierto público en abril de 1864. El éxito seguía siendo difícil de alcanzar. Clara Schumann, que se había mostrado entusiasmada con la versión original, escribió enfáticamente: "Por favor, querido Johannes, sólo por esta vez, reescribe la obra otra vez..." Contrariamente a su práctica habitual, Brahms tomó en serio este consejo. El resultado de esta nueva transformación fue el Quinteto con piano. Aunque su amigo el director Hermann Levi recomendó eliminar el último movimiento, Brahms dejó la obra en su forma actual, simplemente eliminando algunas ligeras asperezas del sonido. Es sorprendente que a pesar de las muchas mutaciones que sufrió esta composición, no muestre signos de ser un arreglo.
El PDF muestra las imágenes de tapa y contratapa del sobre de guarda del disco de vinilo interpretado por Krystian Zimerman en piano.
Lado 1:
Piano Sonata No. 1 in C major, op. 1
- Allegro
- Andante - attacca
- Scherzo. Allegro molto e con fuoco
- Finale. Allegro con fuoco
Lado 2:
Piano Sonata No. 2 in F sharp minor, op. 2 - Allegro non troppo, ma energico
- Andante con espressione - attacca:
- Scherzo. Allegro
- Finale. Introduzione. Sostenuto -Allegro non troppo e rubato
El texto está escrito en cuatro idiomas: alemán, inglés, francés e italiano:
El manuscrito de la Sonata para piano Op. 1 lleva el título 4. ª Sonata y el nombre del autor Johannes Kreisler Jun. El primero indica que Brahms ya había escrito sonatas antes de su Opus 1, el segundo indica una identificación con el mundo romántico de las emociones de E.T.A. Hoffmanns, cuyo "Tomcat Murr" toma la forma del maestro de capilla Kreisler.
Una de las obras que se escribió antes del Opus 1 oficial es la Sonata en fa sostenido menor (compuesta en 1852), que refleja al Brahms más salvaje y romántico y es probablemente la razón por la que escribió la Sonata en do mayor cuando entró en la vida musical pública y estuvo subordinado. Algunos músicos prefieren la sonata en fa sostenido menor porque, con su idiosincrasia, su comienzo casi rapsódico y libre que realmente no encaja con el carácter de la exposición temática de una sonata, sus ritmos complicados y su armonía audaz, muestra a un Brahms que aún no ha sometido todo el proceso creativo a un estricto control racional. Partes con exuberancia juvenil se yuxtaponen con partes con contornos borrosos casi impresionistas y románticos. El movimiento lento varía una canción de invierno del juglar Kraft v. Toggenburgo. - Especialmente en el último movimiento, Brahms también utiliza obras figurativas parecidas al piano, que luego intentó integrar de manera tan consistente temática y compositivamente. Aunque Brahms parece estar románticamente desatado en muchos sentidos, también contrarresta el peligro de que la forma se deshaga uniendo los dos movimientos internos: el Scherzo es en realidad sólo una cuarta variación de la Canción de invierno. Pero también hay ecos temáticos entre el tema principal del primer movimiento y la introducción del último movimiento.
Muy diferente es la Sonata en do mayor (1852/53), que Brahms consideró digna de abrir su obra impresa como Opus 1. Queda muy poca libertad romántica. Brahms se basa claramente en Beethoven: el motivo de la cabeza muestra una similitud con el de la sonata para fortepiano, y el movimiento del tema principal a lo largo de un tono está inspirado en la sonata de Waldstein op.53. El factor decisivo, sin embargo, no es la externalidad del atractivo temático, sino más bien la estructura tectónica del movimiento, que aquí se hace visible como un desarrollo ulterior del tipo de forma acuñado por Beethoven. La escritura para piano se ha vuelto más completa, más parecida a un acorde; Robert Schumann caracterizó este nuevo sonido como “una sinfonía más velada”. Mientras que la sonata en do mayor en su conjunto está más claramente determinada por la elaboración racional de Brahms, la pura magia poética romántica es evidente en el movimiento lento. También en este caso la base es una canción popular esencialmente antigua, aunque líricamente romantizada, que esta vez incluye una melodía. Es exactamente el tipo de canción de diálogo (aquí para cantor y coro) que Brahms utilizó más tarde con tanta frecuencia en sus propias composiciones; y como en la sonata en fa sostenido menor, es un conjunto de variaciones románticamente transfiguradas.
El Scherzo constituye un contraste aún más violento con esto. Tiene un significado casi programático para la comprensión de la forma de Brahms cuando, en su Opus 1, el primer movimiento y el final utilizan el mismo material temático con ritmos alterados: el enfático compromiso del romántico con el rigor de la forma cerrada. Y es parte del conflicto entre el énfasis emocional romántico y la concentración racional de la forma en el joven Brahms que el rondó final temáticamente tan estrechamente vinculado con sus cadenas arremolinadas de terceras y sextas contenga nuevamente un episodio parecido a una canción en compás de 6/8 que es basado en la letra Mi corazón está en Hochland debe componerse.
El PDF muestra las imágenes de tapa y contratapa del sobre de guarda del disco de vinilo interpretado por Emil Gilels en Piano y los miembros del Amadeus Quartet: Norbert Brainin, Violine Peter Schidlof, Viola Martin Lovett, Violoncello.
Lado 1:
- Satz: Allegro
- Satz: Allegro, ma non troppo
Lado 2: - Satz: Andante con moto
- Satz: Rondo alla Zingarese: Presto
El texto está escrito en tres idiomas: alemán, inglés y francés. El autor del texto es Heinz Becker quien lo escribió en alemán y luego fue traducido a los otros dos idiomas.
El hecho de que Brahms concibiera la idea de uno de sus movimientos de cuarteto más importantes, el Gipsy Rondo del op. 25, en el ambiente prosaico de la ciudad comercial de Hamburgo, no encaja en absoluto con el concepto de una estrecha conexión entre la música y su entorno, pero subraya de manera aún más convincente la autonomía de la creación artística.
Brahms compuso los dos Cuartetos para piano op. 25 y 26, sus primeras obras maestras en formatos más grandes, durante su segundo período en Hamburgo, después de haber regresado a su ciudad natal después de un desengaño amoroso en Göttingen. El Cuarteto en sol menor probablemente se compuso durante el verano de 1861. Al menos sus dos primeros movimientos se completaron en julio, a finales de septiembre Joseph Joachim vio ambos cuartetos completos y el 16 de noviembre de 1861 se realizó la primera interpretación pública del Cuarteto en sol menor. El cuarteto tuvo lugar en Hamburgo. Clara Schumann tocó la parte del piano.
Se ha dicho a menudo que Brahms dependía de la perspectiva artística de Beethoven, y este hecho no está en discusión, pero se basa únicamente en similitudes en la concepción formal. En cuestiones temáticas, Brahms siguió su propio camino; para él lo más importante no era la fragmentación de un tema y el desarrollo de motivos derivados de él, sino la paráfrasis y la transformación del color del tema en sí. Lo "romántico" que era el lenguaje del "último clasicista" se puede ver no sólo en su gusto por las progresiones armónicas relacionadas por terceras, sino también en las texturas muy unidas de tensiones melódicas y armónicas, como las que ocurren al comienzo del primer movimiento: una modulación lineal, en octavas, desde sol menor a re mayor, que luego da lugar a rasgos contrapuntísticos y canónicos, y se relaja en coloridos giros de armonía. Cualquiera que quiera adentrarse en el mundo expresivo más personal de Brahms debe volverse receptivo a los patrones rítmicos de su música, ya que la interacción de líneas rítmicamente contrastantes, que pueden combinarse inesperadamente en un movimiento simultáneo vehementemente exuberante, revela profundidades profundas. de su naturaleza creativa. No menos sutil es el arte de Brahms cuando aparentemente permite parafrasear trillizos de piano para filtrarse en un pasaje temático de cuerdas (primer movimiento).
Brahms consideraba el piano como el compañero dominante más que subordinado de las cuerdas, mientras hacía todo lo posible para que el instrumento de teclado, como contrapunto concertante, encajara tonalmente en el cuadro completo. La notable disminución de la textura del teclado, normalmente muy completa, de Brahms, a menudo hasta escribir en dos partes o utilizar acordes inusualmente compactos, subraya el esfuerzo que hizo en esta dirección. Los pasajes de figuración ininterrumpida y simultánea en los agudos y bajos del piano tienen un modelo clásico en el Trout Quintet de Schubert. El poder formativo del estilo personal de Brahms es más claramente evidente en su capacidad para reunir los diferentes valores expresivos de los distintos movimientos en un solo organismo. Tales elementos son la aireada filigrana de la coda Animato del segundo movimiento, el ritmo marcial y punteado de la sección Trío del tercer movimiento cuasi Minueto, y la vivaz evocación de la música folclórica en el final gitano con su triple ritmo.