Se trata del PDF preparado con el guion para una emisión de un programa radial. Trata sobre la música negra en América. Arranca con la discografía de la emisión (los discos 2 y 7 son de 33 RPM y los otros de 78 RPM).
Discos
1: Ceremonial Song of Obba.
2: Nigeria (Yoruba). Banda 4.
3: Look Down That Lonesome Road . Banda 2.
4: Certainly Lord Banda 2.
5: Country Blues
6: Ketu for Yemanjá Banda 1.
7: Song to Obatala Banda 6.
8: Ibo-Lélé
Luego se encuentra un texto preparado para la emisión, donde se habla del negro introducido en América por el tráfico esclavista, el que constituyó en el Nuevo Mundo cuatro importantes conglomerados de población: en el sur de los Estados Unidos, en las Indias Occidentales, en las Guayanas y en el Brasil. Pero, además de estos focos, que fueron los más importantes, y algunos de ellos todavía lo son, hay países como Venezuela, Colombia y México, en los que la entrada del hombre de color revistió mucha mayor trascendencia de la que a menudo se le atribuye (incluso en el Río de la Plata).
Se dice que desde el siglo XVI, palpitan en América los tambores de los negros, pero si deseamos seguir la pista de la música creada en América hasta sus fontanares de origen, se tornará ineludible dirigir nuestros pasos hacia su incuestionable y evidente matriz: el arte sonoro de la zona occidental del continente africano, pues de allí partió el mayor caudal de la corriente esclavista que nutrió los mercados negreros americanos.
Contrariamente a la creencia general, en el sentido de que la música africana es una música monocorde, exenta de variación, como lógica consecuencia de la diversidad etnográfica y semántica que ofrece el África Occidental, su arte sonoro constituye un mosaico variado y múltiple, pues abarca un amplio radio no sólo formal, sino también expresivo. De ahí que sus distintos aspectos difieran por completo de una zona a la otra, Además, cada circunstancia de la vida de los nativos posee un tipo de canción particular, que se adapta a sus exigencias. Muchas son, pues, las clases de cantos que podrían señalarse. Pero se impone mencionar: las canciones de trabajo, los cantos de juego, los de cuna, los de amor, los ceremoniales, los de danza, los de iniciación y los bélicos.
Entre los principales rasgos típicos de este lenguaje musical, figura, en primer término, el gene ro so desarrollo rítmico que acusan sus manifestaciones, y en particular la marcha paralela de diversos ritmos distintos o polirritmia.
A través de un registro captado en Nigeria, podremos obtener un panorama de las peculiaridades más salientes de la música del África Occidental, entre ellas, la forma dialoguística o antifonal. Subrayemos que este disco, obtenido con fines etnográficos, como los demás que ilustrarán nuestras palabras, no está grabado por artistas profesionales, sino por gente del pueblo, por los propios creadores y difusores del folklore negro del África.
Constituye un axioma el hecho de que los negros son los maestros del ritmo. Este elemento rige todas las fases de la vida y del arte de la gente de color, tanto las artes del tiempo como las del espacio. Pero no porque lo traigan en la sangre; porque sea éste un rasgo somático o "racial", como tantas veces se ha manifestado sin fundamento, sino a causa de la influencia que en su música ejercen los patrones culturales que le son característicos y en los que el arte sonoro está sólidamente embebido.
Sin embargo, el incuestionable alcance de la faz rítmica de esta música ha conducido a ignorar su aspecto melódico, su rica heterofonía y los densos coros de voces excepcionales, que a menudo llegan a planos de palpitante expresividad. Pero lo cierto es que las melodías afro-occidentales suelen acusar una nobleza y una originalidad dignas de la más seria consideración. eminentemente melódica, aceptada sin reparos por la antropología cultural y la etnomusicologia.