Música popular

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              AR ABIBUNTREF C.BA-ARE-2-5-2-CAA-000013-A · File
              Part of Fondo Isabel Aretz

              La cinta posee rotulado en una cara del carrete: "Rollo y dolby". En la otra: "Dolby cinta 2" y "Cinta 2 final". En la tapa de la caja se aprecia la marca del producto. El perfil contiene el título y el número original de guardado (110). La parte posterior se menciona que es material del Instituto Interamericano de Etnomusicología y Folklore (INIDEF), Caracas, Venezuela.
              tiene la lista manuscrita del contenido, del que se transcribe lo legible:
              ECUADOR rollo 2 - 71⁄2 stereo full track dolby
              Colección: Isabel Aretz - Luis Felipe Ramón y Rivera
              Contenido: Cantos y toques de trabajo
              1.8. Juanito (flauta)

              1. Otro Juanito (fl.)
              2. Toque (a solo) de fl.
                4 a 7 Juanito fl. sola
              3. Canto coral indígena
                9.5. Juanito (banda)
              4. Toque de fl. y bombo (Jumbo?)
                11 y 12 Toque de fl. y caja
              5. Canto indígena
                14 y 15 Toque de fl. y caja
                16.5. Juanito (arpa y guitarra)
              [Ecuador 7]
              AR ABIBUNTREF C.BA-ARE-2-5-2-CAA-000024 · File
              Part of Fondo Isabel Aretz

              El PDF muestra el carrete plástico de la cinta abierta de audio, donde se lee el título: "Ecuador 7". La sigue la imagen de la tapa de la caja, con la marca del producto y las inscripciones: "Gritos de danza", "ECU 7", además de "Untref". El perfil muestra el título y etiqueta con el número: "95". La tapa trasera permite leer la información del contenido.

              Untitled
              [Tucumán vidalitas]
              AR ABIBUNTREF C.BA-ARE-2-5-2-CAA-000033 · File
              Part of Fondo Isabel Aretz

              El PDF muestra el carrete con la cinta abierta de audio. Tiene dos etiquetas escritas: "Tucumán vidalitas : La rovita y la morena y otras..." y "Tucumán gracejos 2". La tapa de la caja tiene la marca del producto y se lee: "Para filtrar Gracejos : Cinta Nº 33". El perfil, tiene una nota: "24. ARG ORIG Música de Arg. La Rioja, Cat., Tuc., Santa Fe". Parte posterior de la caja, que indica que la grabación corresponde a La Rioja, 1952. Además, aparece una foja con el detalle de la limpieza de la cinta.

              [Ecuador : rollo 1]
              AR ABIBUNTREF C.BA-ARE-2-5-2-CAA-000035 · File
              Part of Fondo Isabel Aretz

              El PDF muestra el carrete con la cinta abierta de audio, tapa de la caja con la marca del producto y nota manuscrita: "Dig. Untref". En un perfil se lee: "EC.1 ECUADOR". Cuenta con etiquetas que consignan que existe una copia en el CD 11, además de una letra "F" y el número original: "98". En la parte posterior aparece el contenido de la cinta (donde se encuentra escrito parte del texto, en hojas pegadas sobre el envase contenedor). En el interior aparece un recorte de papel con nota escrita en cursiva.

              Untitled
              AR ABIBUNTREF C.BP-ORT-1-1-000671 · Item
              Part of Fondo Néstor Ortíz Oderigo

              El PDF muestra un texto, que cuenta con una nota manuscrita en tinta rosa sobre el título: "Estilo de la música negra".
              Se transcribe el contenido:
              "El estilo de la música negra posee múltiples y variadas facetas. Entre las más trascendentes figuran el sentido del adorno y la asimetría de sus formas. Pero en el profundo expresionismo que busca y obtiene conquista su vértice más agudo. Porque todo está dicho en 10s semitonos de la voz amarga, penetrante, acre, de timbre acerado, que bucea en el fondo de la expresión humana.
              ANTE la música negra estamos en presencia de un tipo de música cuya columna vertebral hállase estrecha, inseparablemente ligada con los elementos de su cultura y, en particular, con el vehículo principal de la cultura: el habla. Si el negro se expresara en el inglés, el francés, el castellano, el portugués el holandés o el danés que, en América, oyó a los "blancos", y si el fundamento de los dialectos afroamericanos elaborados sobre la base de la simbiosis de esas lenguas con los idiomas nacidos en el denso boscaje africano, no fuesen lenguajes que hunden verticalmente sus raíces en la pulpa de los elementos musicales, evidente resulta que su música tendría ecos y resonancias totalmente distintos de los que posee. Por eso los negros transforman radicalmente todos los ingredientes musicales que incorporan ese acervo. Y esto, no tanto por la presencia de la improvisación, del embellecimiento, de la ornamentación, como por los timbres, por las inflexiones de la voz, por la cadencia del canto, por las curvas de su fraseo, que miden por completo el rostro de los elementos mélicos, alteran sus ritmos y su prosodia musical. Porque el hijo de África es capaz de crear una imagen musical totalmente distinta de la de los patrones ajenos a su cultura de que pueda servirse, cuando se sirve de alguno.
              Del Blanco al Negro
              Los numerosos detractores del pueblo de Can han dicho que la mayoría de los centros afronorteamericanos son de matriz euro americanos. La mayoría, desde luego que no. Pero es evidente que hay no pocas canciones negras originadas en ambientes "blancos". Es aquí donde aparece, precisamente, el factor originalidad. Una canción perteneciente al folklore negro puede haber tenido origen "blanco". Pero escuche se la versión de un músico afroamericano y la de uno caucásico, y la diferencia será notable, aun para el lego. ¿Por qué? Porque el negro lleva a ellas los elementos de su original estilo, de su original "manera de hacer, de su original enfoque de cualquier clase de música.
              Claro está que definir qué es la originalidad no resulta faena sencilla, muchísimo menos. Pero si por originalidad entendemos la modificación de las ideas o patrones preestablecidos, en las versiones musicales afroamericanas la hallamos enfocada por la mejor antorcha. Porque cualquier elemento cultural que caiga en manca de los negros es inmediatamente reinterpretado, como se dice en el léxico de la antropología cultural. Es decir, el negro toma la idea central de un canto cuando trabaja con materiales ajenos a su cultura, pero en torno de ella teje y entreteje los temas, altera los tempi y los timbres, borda variaciones y ornamentos; en fin, trasmuta por completo la faz de la idea central y la convierte en algo propio.
              "Desequilibrio" de Formas
              De ahí que el estilo de la música negra posea múltiples y variadas facetas. Una de las más trascendentes es el sentido del adorno. Dentro de esta órbita cabe la asimetría, que se observa no solo en la música sino también en todas las expresiones del arte negro. En la curiosa y tan mal interpretada anamorfosis de la escultura africana -el "desequilibrio" de sus formas- cobra preeminencia esta asimetría. En ella, el escultor se ríe de las proporciones del cuerpo humano. Y así como contrae algunas de sus partes, amplía desmesuradamente otras. Lo hace para lograr al expresionismo agudo que es la meta de to das las manifestaciones nacidas al amparo de la inspiración africana o afro americana. En la poesía, la hallamos tanto en las creaciones de bardos "cultos" como Langston Hughes, Sterling Browi o Lewis Alexander, como en los blues anónimos, o en los cantos de los candomblés afrobrasileños. Y en la danza negra es el elemento que la torna tan difícil, si no imposible de ser imitada. En este sentido, las actitudes de las filhas de santo (sacerdotisas) de dichas ceremonias, o el simple zapateado de artistas como Snake Hips, constituyen pruebas concluyentes de lo dicho. Y esta asimetría se advierte no solo en el aspecto plástico, sino en los ritmos que producen los pies de los danzarines.
              Angularidad y "Momento"
              También forme parte del desarrollado sentido del adorno de que hace gala el negro en sus creaciones artísticas, la angularidad. Es uno de los factores cardinales de las artes africanas y, desde luego, de la escultura negra. La poesía africana es profundamente angular. Sus versos se quiebran y cortan en forma supuestamente arbitraria. Y en la música, esta característica es la que le lleva variedad, la que le insufla vida, calor y color. En los blues, la terminación es brasca y despiadada, como la de los cuentos de O. Henry. Además, dicho ingrediente gravita en el aspecto rítmico, en la producción de síncopas, y colabora en la obtención del momento que logra la música negra.
              EPIGRARES

              1. En el estilo de la música negra, el ritmo es la columna vertical.
              2. La música afroamericana tiene en Bartha Kitt una destacada intérprete.
              3. La Vern Baker traduce en su voz los mil matices del blues."
              Untitled
              AR ABIBUNTREF C.BP-ORT-1-1-000707 · Item
              Part of Fondo Néstor Ortíz Oderigo

              El PDF muestra un texto mecanografiado, que se transcribe, no así una nota en la foja final manuscrita, la que indica que debe ser regresada a otro grupo documental:
              "Desde el siglo XVI, la música afro antillana empieza a correr mundo. Influye en España y en Latinoamérica. A partir del año 1817, en la plaza Congo, de Nueva Orleans, danzas afrocaribes. como la calinda, la juba, la bamboula y la chica, llevan a Luisiana el hálito genuino y estremecedor de la coreografía negra de las Indias Occidentales. Desde Buddy Bolden, hasta Scott Joplin, las subdivisiones del binario de los negros del Caribe se infiltran en el ragtime y en el jazz. Y a partir de los años cuarenta, los "ultraístas" del arte hot "descubren" estos ritmos, que inyectan nueva sangre en el corazón de la música "nueva".
              En la vida del jazz, la década de 1940 fue una década de experimentación, de "trabajo de laboratorio", Febrilmente se buscaban nuevas fórmulas susceptibles de lograr una completa y radical renovación de los medios técnicos y expresivos del arte hot. El buceo en las aguas de la música antillana abrió un camino hacia esa meta. Por otra parte, interesante resulta señalar que, simultáneamente con el "descubrimiento" de los ritmos negros de las Indias Occidentales por los cultivadores del jazz "ultraísta", en distintos países se produjeron movimientos musicales originados sobre la base de ritmos negros.
              Fue así como presenciamos el nacimiento del mambo, que recibió el espaldarazo en México, pero absorbió diversas corrientes melódicas de Harlem que se fusionaron con el caudal principal, proveniente de Cuba; el influjo que el jazz ejerció sobre formas musicales populares afro brasileñas, entre ellas el frevo, de Pernambuco; el éxito del calypso en Estados Unidos y en otros países americanos, después del largo silencio que rodeó a esta forma musical, que a fines de los años veinte apasionó al país del Norte, y el nacimiento, en distintas zonas urbanas e industriales del Africa -especialmente en el Congo, en Sierra Leone, en el Camerún, en Ghana y aun en Sudáfrica-, de morfologías tales como la high life, en las que se observa una curiosa simbiosis afro euroamericana.
              Por cierto que la gravitación del arte sonoro de los negros de las Indias Occidentales, que no sólo se advierte en el jazz, sino también en la música de otros países, no constituye ninguna novedad. Se desplaza muy lejos en el tiempo y aparece en los albores de la música afronorteamericana. Desde el siglo XVI, la música afrocaribe empieza a correr mundo. Y antes de que transcurra mucho tiempo, influye sobre la de España y la de Latinoamérica, así como sobre la estadounidense. La Habana y Luisiana efectuaban un activo intercambio cultural. En las orillas del Mississippi, músicos afrocubanos cantaban y tañían sus instrumentos. Desde 1817, en la famosa plaza Congo, de Nueva Orleans, se ejecutaban danzas negras provenientes de las Antillas, como la calinda, la habanera, la majumba, la juba, la congo, la counjaille y la chica. Y los miembros organográficos utilizados eran de idéntica procedencia. Eran tambores conga y bamboula, marimbas y marimbulas. Porque, desde mucho antes de que el jazz abriera los ojos al mundo, la música afro estadounidense y la afro antillana habían ya unido sus cauces y se habían establecido profundos vínculos que luego fueron debilitándose por la influencia más densa del factor afro anglosajón sobre el elemento afrocriollo de Luisiana que, con el triunfo de las armas del Norte en la guerra de secesión, se vio disminuido.
              Además, durante dilatados años, los esclavos introducidos en territorio de Luisiana no provenían directamente del África. Llegaban de Cuba, de Haití y de otras Antillas. Por otra parte, en ambas islas y en la citada región sureña norteamericana, las culturas africanas se sincretizaron con la francesa y la española. Y siervos de la misma procedencia fueron introducidos en los tres países. Por eso, las canciones de labor haitianas guardan una singular similitud con las afronorteamericanas, y el ragtime -género pianístico de los negros estadounidenses- posee reminiscencias de la música de la patria de Toussaint Louverture. Por eso, también, sólo en Luisiana se emplearon miembros de la organografía africana tales como las trompetas de bambu, provenientes de Haití, y marimbulas y marimbas importadas de Cuba.
              Si bien resulta evidente que la música afro antillana está mucho más cerca de su matriz africana que el jazz, y a pesar de que su estructura rítmica es singularmente más opulenta y compleja que la del arte sincopado, no cabe duda en cuanto a que la música afrocubana y la haitiana han brindado al jazz ciertas características y que su parentesco puede ser advertido a poco de entrar en contacto con esas ramas de la música afroamericana. Por ejemplo, uno de los ritmos más característicos del jazz, el viejo charleston, que aún per- vive en todas sus manifestaciones, clásicas y contemporáneas, y que también aparece en canciones folklóricas de los negros norteamericanos y en danzas afroamericanas como la bamboula, es común en la música afrocubana y en la haitiana; se distingue por su sincopado constituido al agrupar una nota de un tiempo y medio con otra del mismo valor en un compás de 4/4. Los timbres dirties o "velados" que utilizan las músicas haitiana y afrocubana, también son característicos del jazz. En toda la música afro antillana se emplea el fraseo en ondulación descendente, característico del arte sincopado y oriundo del África occidental. El tangana rhythm, variante del charleston, está presente en la música negra de las Indias Occidentales, así como en los spirituals, en los blues, en el ragtime y en el jazz. Además, aparte otros recursos comunes a estos géneros musicales de origen negro, el vocablo vodou, así como los nombres de sus famosas reinas o sacerdotisas, de tanta influencia en Haití, aparecen con frecuencia en los títulos y en las poesías de diversas páginas de blues y de jazz. Entre tantos otros ejemplos, podemos mencionar la pieza clásica en el arte hot rotulada Eh, là bas!, cuyo título es una corrupción del nombre del orishá o dios africano -de singular gravitación en Haití, en Cuba y Brasil- Elegbará o Legbá, mensajero de los dioses o guardián de las encrucijadas en la mitología de los negros del Dahomey.
              Los años veinte y treinta fueron años fructíferos en la órbita de la estética referida. Con distintos grados de eficacia, diversos artistas del jazz exploraron y explotaron esta vete, desde Bennie Moten, hasta Armstrong, pasando por Sidney Bechet y Clarence Williams. Zapador infantigable en diversos territorios del jazz, Duke Ellington abrió picada, en 1929, al grabar Rockin' In Rhythm, obra en que se mancomunan el pulso y la melodía de un spiritual, con un ritmo afrocubano sustentado por las "claves xilofónicas" de esa procedencia. Y no abandonó esta ruta. En ella continúa bregando.
              Fundamentalmente, le influencia de la música afro antillana sobre el jazz estriba en la absorción de los recursos que brinda el arte sonoro del Caribe, desde los silencios que se insertan entre las frases del mambo, hasta los poderosos conjuntos de bronces que lucen las agrupaciones que cultivan esta especie musical. Pero este derrotero trajo, asimismo, una profunda renovación en el ámbito organográfico de la música sincopada. Fue así como, al lado de la percusión usual del jazz, o en su reemplazo, en las orquestas tomaron asierto uno o más tambores conga, timbales afrocubanos y bongoes, cuando no otros instrumentos de la misma procedencia. Y en los casos en que sólo se utiliza la batería, los ejecutantes imitan, con sus distintos implementos, los diversos ritmos y timbres de aquellos miembros organográficos. Como de costumbre, Duke Ellington abrid rutas inéditas en este sentido. Y en un disco de reciente aparición en los Estados Unidos, que acaba de llegar a nuestras manos, hasta explora los pedregosos caminos del limbo, danza acrobática de los negros de Trinidad, y anima sus ritmos sin incluir ningún instrumento típico.
              Desde luego que la vinculación del "nuevo" jazz con la música afro antillana va más allá -bastante más allá- de la simple utilización de cierto ritmo, de algún recurso instrumental o de determinado membranófono. El arte sonoro de los negros del Caribe mudo por completo la expresión del rostro del jazz clásico. Porque el empleo de las múltiples subdivisiones del binario, la utilización de secciones rítmicas o de ritmos afro antillanos, que tornan más libre el pulso de las versiones, llevan por fuerza, a que los instrumentos me 1ódicos se vean obligados a emplear un fraseo distinto del que usan cuando el beat es regular. Es así como la famosa "linea continua" de improvisación que caracteriza al jazz de la hora actual, constituye uno de los derivados más directos de la gravitación afro antillana.
              Algún crítico extranjero con telarañas en los oídos ha dicho que esta in- fluencia de la música negra de las Indias Occidentales sobre el jazz fue un "exotismo" del decenio de 1940. Sin embargo, en la actualidad, aunque los jazzmen "ultraistas" no busquen deliberadamente el tema y los recursos afro-caribes (y continúan buscándolos), el idioma está plenamente asimilado y palpita cotidianamente en el lenguaje de ellos. Porque han hecho suyos, definitivamente, los ideales estéticos de los artistas del Caribe. Y en buena hora.
              EPIGRAFES

              1. Formado estéticamente en los esotéricos rituales afrocubanos de los abakuás o fáñigos, Chano Pozo se convirtió en la principal punta de lanza de la penetración de los ritmos afro antillanos en el jazz "ultrafsta"; sus "toques" de conga con la orquesta de Dizzy Gillespie son hoy clásicos.
              2. Lanzado a lo largo ya lo ancho del mapa de América por las huestes de Pérez Prado, el mambo recibió tantas influencias del jazz como las que, a su vez, irradió a la música sincopada en su dimensión "moderna".
              3. Zapador infatigable en diversos territorios del jazz, Duke Ellington abrid picada en las tendencias estéticas del arte hot proyectadas hacia los ritmos e instrumentos musicales afrocaribes."
              Untitled
              Creole jazz
              AR ABIBUNTREF C.BP-ORT-1-1-000751 · Item
              Part of Fondo Néstor Ortíz Oderigo

              El PDF muestra una agrupación documental que está compuesta por varios textos mecanografiados. Algunos son fojas recortadas, que estaban unidas con un gancho metálico. Las mismas se refieren a las características del Creole jazz.

              Untitled
              AR ABIBUNTREF C.BP-ORT-1-1-000772 · Item
              Part of Fondo Néstor Ortíz Oderigo

              El PDF muestra el borrador de la portada del libro y la preparación del mismo para la prueba de galera. Le siguen el epígrafe y las otras obras del autor.
              En el Área de materiales relacionados, se puede acceder al registro del libro, que se encuentra en la Biblioteca UNTREF.

              Untitled
              AR ABIBUNTREF C.BP-ORT-1-1-000776 · Item
              Part of Fondo Néstor Ortíz Oderigo

              El PDF muestra el borrador del índice, copia del epígrafe, sin el título y con corrección de tachaduras (inventario 000773).
              En el Área de materiales relacionados, se puede acceder al registro del libro, que se encuentra en la Biblioteca UNTREF.

              Untitled