Se trata de un libro de texto (con sellos previos y de expurgo), de un grupo de títulos conformado por 25 ejemplares recibidos en donación, los cuales se utilizaban para la enseñanza de la música en escuelas de nivel medio (secundario).
Este volumen, escrito por Frances Wolf y editado por Ricordi, es el tomo 1 (14a. edición).
Música popular
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El PDF muestra un texto mecanografiado, que cuenta con una nota manuscrita en el encabezado: "Volver a Etnomusicología afronorteamericana".
La transcripción del documento es la siguiente: "Siempre se ha insistido, y con evidente fundamento, en el pathos trágico, en el tono patético que encierra el cancionero afroamericano. Resulta incontrovertible que la mayor parte de la música negra, sea del África Occidental o de cualquier país de América, está saturada de un transido dramatismo, de un fondo de tristeza irremisible que, sin duda, deja ver a trasluz el telón de fondo sobre el cual se ha proyectado: el oscuro escenario de la esclavitud. Por eso puede aseverarse que no se equivocó Juan Valera al insistir en el idéntico acento que presenta la música de Cuba, del Brasil y los Estados Unidos, a causa del influjo del negro. Porque hasta en las expresiones más exuberantes del jazz se advierte, entre líneas, un estado de ánimo acongojado.
No obstante, el hecho de que en su mayoría la música del hombre de color esté penetrada de una espesa congoja, no significa que el negro no posea, como los demás pueblos, una serie de cantos que rezumen una jocunda y chispeante exultación, un irresistible joie de vivre. Son los surgidos en los momentos de esparcimiento y diversión, que, aunque poco frecuentes, también los ha tenido, aun en las tinieblas de la esclavitud. Y entre éstos se destacan con perfil propio los vinculados a la danza, cultivados en las suckey jumps o fiestas coreográficas.
Larga y frecuentemente, los viajeros de la época del cautiverio de los negros de la Unión nos hablan de la música de los esclavos, de sus cantos, de sus danzas, de sus instrumentos musicales. Pero la verdad es que con mayor asiduidad hacen referencia al ritmo característico de los hombres de color, y, más aún, a la consumada habilidad para danzar al son del ritmo. Fue el latido del banjo y el tintineo de los bones (especie de castañuelas) lo que llamó más poderosamente la atención del blanco y lo que lo movió a imitar a su hermano oscuro. Porque al negro se le habrán podido negar cualesquiera otras cualidades, pero su dominio absoluto en el hemisferio del ritmo ha sido reconocido, sin el más mínimo reparo, hasta por sus más acerbos detractores.
Aunque los cantos de danza, a pesar de su divulgación, no han sido objeto de estudios detenidos como los consagrados a los negro spirituals, no puede ponerse en tela de juicio la singular trascendencia que exhiben no sólo desde el punto de mira formal, sino también desde el ángulo expresivo. Sus melodías ilustran con evidente claridad barias de las genuinas características que acompañan a la música que nos ocupa. Entre ellas, sus ritmos fluidos y elásticos, la frecuente polirritmia, la abundancia de sincopas y aun la inclusión de formas antifonales o dialoguísticas, de legitima raigambre africana, y que aparecen también en toda la música nacida de matriz negra. Y todo ello, dentro de una línea melódica esquemática, de carácter a veces algo fragmentario, que denuncia a las claras la fuente de donde procede, la improvisación, y de un ambiente de frescura y dinamismo sumamente atrayente.
Otra característica de la música de danza afro estadounidense es que siempre se ejecuta con acompañamiento instrumental. En este sentido, viene a aclarar un error frecuente acerca del arte sonoro de los negros de la Unión: creer que el hombre de color, hasta que surgió el jazz, carecía de música instrumental o de instrumentos de su propia creación. Con asiduidad se imagina que sólo poseía música vocal. Y la idea no sólo se advierte en el lego, sino que no pocos estudiosos han incurrido en la misma inexactitud.
No cabe duda alguna de que el hijo de Cam adoptó, en general, los instrumentos de origen europeo. Pero esto no quiere decir que no haya empleado, durante mucho tiempo, y todavía hoy utilice, los suyos propios, entre los cuales encontramos aerófonos, cordófonos, membranófonos e idiófonos, algunos de ellos originarios del África Occidental y otros influidos por el dilatado proceso de la transculturación.
El instrumento musical que más emplearon y utilizan los negros, tan- to en el África como en todos los países a los que ha sido conducido por la corriente de la esclavitud, sin excluir, desde luego, los Estados Unidos, es el tambor, que, según la clasificación histórico cultural en etnología es el más "primitivo". De 61 existen diferentes tamaños y formas; se lo utiliza para diversos fines y recibe distintos nombres, general- mente los mismos de las danzas o ceremonias mágicorreligiosas a las cuales suministre ritmo.
Desde luego que en la Unión, así como en todos los países del Nuevo Mundo en los que el elemento negro cobró alguna significación, el hombre de color se sirvió de muchísimos otros instrumentos musicales. Después del tambor, el más divulgado de todos es el banjo, que, al decir del novelista e historiador George Washington Cable, es el "primer violín" de la orquesta de los negros, y la huella de cuyo origen nos conduce hasta el Senegal, de donde es originario y recibe la denominación de vania o bania.
De suma importancia es también el jawbone o quijada. Como tantos otros instrumentos, su presencia no sólo ha sido observada en los Estados Unidos, sino también en otras partes de América. Integra en Cuba las típicas orquestas de la gente de color. En el Perú era de uso frecuente entre negros y zambos. Y en la Argentina, de acuerdo con el testimonio de Concolorcorvo, fue el preferido de los morenos. Estriba simplemente en una quijada de asno o mula, bien descarnada, sobre cuyos dientes se restrega un hueso, asta o palillo.
Al instrumental afro estadounidense pertenecen también los bones, consistentes en cuatro trozos de hueso que, colocados por parejas entre los dedos de ambas manos, al ser entrechocados producen la sonoridad de las castañuelas. Figuraban entre los instrumentos predilectos de los esclavos y en la actualidad no han caído en desuso.
Debemos mencionar también los jugs, simples potes de barro o vasijas de metal, dentro de los cuales los negros soplan o canturrean, produciendo sonoridades broncas, graves, semejantes a las del trombón o la trompeta con sordina.
Asimismo existe un instrumento que, pasarlo por alto, constituiría una omisión de bulto. Es la washboard o tabla de lavar de metal, que los ejecutantes percuten o rascan con uñas o dedales metálicos. Este idiófono de frotación tiene su similar en un instrumento africano que estriba en una simple rama de árbol, en la que se efectúan muescas sobre las que se restrega un palillo. David Livingstone describe otro similar, denominado cassuto, observado durante sus viajes por el Africa, y que, sin duda, es la matriz de una serie de idiófonos semejantes a los descriptos.
La música que el negro cultiva a través de conjuntos integrados por algunos de los instrumentos mencionados, y que se adapta a sus necesidades coreográficas, es desbordante de júbilo. Porque, así como sus tambores litúrgicos lo lanzan al trance místico, aquélla lo sumerge en un verdadero éxtasis."
Se trata de un libro de texto (con sellos previos y de expurgo), de un grupo de títulos conformado por 25 ejemplares recibidos en donación, los cuales se utilizaban para la enseñanza de la música en escuelas de nivel medio (secundario).
Este volumen, escrito por Frances Wolf y editado por Ricordi, es el tomo 1 (14a. edición).
El PDF muestra un texto mecanografiado con abundantes correcciones manuscritas en tinta azul y roja, que hace difícil su lectura. Existe una copia ya corregida en el enlace que se encuentra debajo, en el área de materiales relacionados.
Se transcribe la primera foja del documento:
"Desde hace más de tres décadas, en América y Europa se observa un crecido interés por la música de Latinoamérica y en particular la generada por los diversos grupos negros del Nuevo Mundo.
A través de la música popular, en particular, esta tendencia se viene manifestando en los Estados Unidos cada vez con mayor claridad desde fines de la primera década de este siglo, cuando parejas de bailarines como Vernon e Irene Castle y Maurice y Walton no titubearon en introducir en sus repertorios sendas estilizaciones de una maxixe brasileña y de un tango argentino, así como de una habanera.
Esta última danza, sobre cuya procedencia mucho es lo que se ha discutido, parece remontar la corriente de sus orígenes hasta un baile africano denominado tangana, introducido per los moros -fuertemente influidos por los negros del África Occidental- en España, de donde pasó a Cuba a través de la trata esclavista y donde recibió la denominación de habanera.
Como es sabido, en su célebre ópera Carmen, Bizet introduce una habanera cuyo tema no le pertenece, a su autor, sino al compositor español Sebastián Iradier, autor de La paloma, y quien la publicó en Madrid en 1840, con el título de El arreglito. Agreguemos que, además del Bizet, otros compositores se han sentido atraídos por la habanera, entre los que cabe recordar a Stravinsky y a Ravel, por sólo citar a los más notorios.
Resulta interesante señalar que no pocos blues afroamericanos, así como otras especies musicales de los negros estadounidenses, sin excluír el boogie woogie, se sirven del ritmo de la habanera o tangana rhythm, que William C. Handy, el famoso cornetista de Alabama, introdujo por vez primera en su The Memphis Blues, así como en otras composiciones populares."
Contiene ficha con detalle de las pistas grabadas (en el propio disco, se observan marcados los números): 497 Cueca cantada M. B. Moisés González Luna : 498 Mariquita : 499 Despedida Virgen de Andacollo : 500 Alabanza...
Audiodisc es una de las muchas marcas de discos vírgenes grabables. Estos soportes se compraban para realizar grabaciones de "discos instantáneos". En este caso, parece estar fabricado de un solo material simple (quizás aluminio o zinc).
En la cara A del disco se encuentran 2 etiquetas con título y comentario: "Buena grabación".
En la cara B hay 3 etiquetas con título y comentario: "Buena grabación". Contiene ficha con detalle: "La Rioja= 624 Año Nuevo : 625 Vidala : 626 Vidala : Grabación buena. Poco ruido (las dos caras)".
Audiodisc es una de las muchas marcas de discos vírgenes grabables. Estos soportes se compraban para realizar grabaciones de "discos instantáneos". En este caso, parece estar fabricado de un solo material simple (quizás aluminio o zinc).
Título tomado de etiquetas pegadas al disco. Son 3 de cada lado del mismo. También lo acompaña una ficha, donde se leen los números de las tomas realizadas.
En cara A, una de las etiquetas menciona que la grabación es buena.
En la etiqueta se menciona que se grabó en La Rioja:
472 Zamba linda grab[ación Daniel] Molina C. y G. (posiblemente se refiera a caja y guitarra)
473 Vidala [chaya] coro
En cara B, una de las etiquetas menciona que la grabación es buena y otra que todos los temas están en malas condiciones (por lo que puede ser de una escucha posterior).
474 Vidala M.B.
475 Vidalita serrana (extraña – mal estado)
Grabación buena. Poco ruido (las 2 caras)
Audiodisc es una de las muchas marcas de discos vírgenes grabables. Estos soportes se compraban para realizar grabaciones de "discos instantáneos". En este caso, parece estar fabricado de un solo material simple (quizás aluminio o zinc).
Contiene ficha con títulos y detalle: "532 Cueca La Riojana cantado : 533 Cueca guitarra y canto Ojos míos no lloren : 534 Zamba "cueca" : 535 Zamba Moisés.
Audiodisc es una de las muchas marcas de discos vírgenes grabables. Estos soportes se compraban para realizar grabaciones de "discos instantáneos". En este caso, parece estar fabricado de un solo material simple (quizás aluminio o zinc).
El documento contenido en el PDF, parece ser una de las entradas preparadas para el “Diccionario de Africanismos” de Néstor Ortíz Oderigo, publicado por la Editorial de la Universidad Nacional de Tres de Febrero. Se refiere a música folklórica de América Latina, sus rasgos peculiares, que la diferencian de la propia d la cultura anglosajona. Las corrientes etnográficas, la formación étnica (indígena, europea y africana), las referencias aportadas por los relatos de los antiguos cronistas, sobre la utilización de la música, la danza y el arte sonoro como elementos de rituales, ceremonias y celebraciones al obtener buenas cosechas para conmemorar acontecimientos civiles o militares.
Ortíz Oderigo, NéstorEl PDF muestra el borrador de la portada del libro y la preparación del mismo para la prueba de galera. Le siguen el epígrafe y las otras obras del autor.
En el Área de materiales relacionados, se puede acceder al registro del libro, que se encuentra en la Biblioteca UNTREF.